Partidos. El presidente del PP puede aspirar a encabezar cualquier lista
MATÍAS VALLÉS
En una primera fase tras la catástrofe electoral de 2007, se bromeaba con una renovación cosmética del PP, que iba a consistir únicamente en la liquidación de José María Rodríguez. Una vez que el ex conseller de Matas se encaró a Estarás –"¿y tú Rosa, tú eres la renovación?"–, se corrigió el sarcasmo en una renovación que ni siquiera contemplaba la eliminación del confidente de Eugenio Hidalgo. Tras las elecciones del jueves cabe enderezar de nuevo el rumbo, para concluir sin asomo de ironía que la renovación de la derecha ha consistido en la entronización de Rodríguez, catapultándolo a un poder que nunca imaginó.
El advenimiento de Rodríguez 3.0 es más espectacular que un regreso conjunto a la cúpula popular de Cañellas y Matas. Por si la derrota de Fiol no fuera suficiente, su materialización a manos del alcalde en la sombra con Fageda demuestra que Estarás sigue perdiendo batallas después de muerta políticamente. La presidenta huida nunca ocultó que las desconsideraciones explícitas de Rodríguez hacia su persona se hallaban en la raíz de su urgencia por abandonar al PP.
El nuevo presidente del PP en Palma es el político que alertó a Hidalgo de su inminente detención –después de que el alcalde de Andratx se entrevistara con Matas un sábado por la tarde en el Consolat–. También ha ejercido de padrino político de Rodrigo de Santos. Lo introdujo en Cort bajo su tutela para contratar después a su esposa, sin experiencia política previa, como secretaria general técnica de la conselleria de Interior. Dueño de un historial tan borrascoso que la propia Catalina Cirer exhibió la erradicación de Rodríguez como marchamo de la limpieza de su lista a Cort, el proscrito acaba de erigirse en el único cargo de la nueva estructura popular legitimado por el voto de los militantes. Ha vencido con un discurso que incluye un aparatoso manifiesto contra la corrupción.
Con su reluciente diploma, el presidente del PP palmesano puede aspirar a encabezar cualquier lista. Su carisma renqueante ya no le posterga a sombrío convidado de piedra. Regenerator Rodríguez emerge como un campeón de la imagen. Numéricamente, ha sido avalado por la mitad de los militantes de Balears, una cifra más holgada que el margen que adorna al presidente de su partido –regional y estatal–. Sólo se le ha resistido la barriada de Palma donde reside su rival, lo cual da idea de la energía cósmica desplegada por Fiol.
Rodríguez es legal, José Ramón Bauzá es un impostor que remolonea para evadirse de las exigencias de un congreso. El antiguo conseller de Interior dedicó un veredicto a su teórico superior jerárquico. "Tanto mirlo blanco, tanto mirlo blanco. Cuando eche a volar, ya estará la escopeta preparada". En el PP, las escopetas las carga el diablo Delgado. Curiosamente, sólo los líderes del sector crítico han cumplido con la papeleta electoral, en Palma y Calvià. El voto militante está forjando un partido castellano y escorado hacia la derecha radical.
La rehabilitación de Rodríguez será más onerosa para el PP que la renovación del palacete de Matas. Enfrente, Fiol ha jugado la imagen engañosa de una derecha aseada. Ha desperdiciado las exposición que conlleva su portavocía accidental. Al colocar su candidatura al servicio del caciquismo mediático más trasnochado de Mallorca, el doble conseller de Matas se transforma en el auténtico dinosaurio de la disputa palmesana. Por no hablar de su pintoresca maniobra de acceso conyugal a la directiva del Real Mallorca. Fiol no será alcalde y, si hubiera entendido un átomo de la sentencia de sus correligionarios, ya no sería portavoz.
La consagración de Rodríguez deja la ruleta prospectiva en manos de las fidelidades cambiantes de Antoni Pastor. El anclaje del PP en un currículum atiborrado de imputados, detenidos y encarcelados hace que sus listas electorales mantengan con la justicia una relación tan fluida como las candidaturas de Batasuna. Madrid ha indicado que no admitirá disidencias, que se empleará sin contemplaciones y que sólo puede haber congreso para proclamar a Bauzá, preferiblemente sin rival. Así será, pero únicamente con la aquiescencia del presidente local que ha devuelto a Palma el bruñido nombre de Ciudad Rodríguez.