Infravivienda. Desalojo de inmigrantes en el camí de Jesús
LORENZO MARINA. PALMA.
La pala excavadora volvió ayer a actuar en Can Valero. Apenas 48 horas después del desalojo de una pareja de okupas, un nuevo desalojo se registró ayer en el Camí de Jesús. En esta ocasión, diez familias rumanas fueron las afectadas. El descampado de detrás fue la única alternativa que les quedó.
"La casa estaba abandonada hace muchísimo tiempo", aclaraba George mientras recogía los últimos enseres de la vivienda. Durante un año y medio, la destartalada casa del camí de Jesús la lograron transformar en su vivienda. George llegó de Rumanía a Mallorca hace tres años. La mitad de este tiempo había habitado en el inmueble que ahora se veía forzado a abandonar. La chatarra era en los últimos tiempos su única fuente de ingresos. "Antes teníamos trabajo", asegura George con melancolía. Ahora él y sus compañeros se ven obligados a vivir en la intemperie.
"Vamos a dormir en el campo", apuntaba una mujer de mirada huidiza antes de cargar con un colchón. Los exiguos ingresos obtenidos con la venta de chatarra no les permitían aspirar a ninguna otra residencia mejor.
El procedimiento fue el mismo que el utilizado con los okupas. Sobre las ocho de la mañana, llamaron a su puerta. Los operarios les conminaron a que recogieran sus enseres antes de hacer añicos la vivienda. Un ir y venir de rumanos, jóvenes y de mediana edad, se desplazaron desde el 47 y el 49 del camí de Jesús hacia el descampado.
Todos sus bienes cabían en un carrito de la compra. Tras colmarlo de objetos, los desalojados enfilaban un tortuoso camino de tierra antes de establecerse en su nuevo asentamiento. El recelo hacia el extraño se había instalado entre ellos. "No tenemos nada que decir", sentenciaban las parejas más jóvenes. No era alegría, precisamente, el sentimiento reinante entre estos inmigrantes rumanos recién desahuciados.
Por fortuna, entre los rumanos desalojados no se encontraba ningún niño. Este colectivo estaba compuesto básicamente por parejas, unas 20 personas. Ahora su principal preocupación era encontrar acomodo a duras penas en un solar. Unos muros semiderruidos eran el único parapeto que hallaron ayer para guarecerse.
Lejos de miradas indiscretas
El nuevo emplazamiento que se habían procurado distaba de reunir condiciones de habitabilidad. La única ventaja que, a su juicio, esto les proporcionaba era la de estar apartados de miradas indiscretas. El asentamiento se vislumbra sólo después de atravesar una pequeña loma.
A escasos metros de distancia, la pala excavadora seguía su curso. Los operarios se centraron básicamente en terminar de reducir a escombros el inmueble desalojado el martes. A los rumanos recién desalojados les habían dado un respiro. Al menos hasta que vaciaran todos los objetos de los inmuebles:colchones, mesas sillas y algo de ropa.