José y Josefa pasaron de okupas a sin techo, pala excavadora mediante, en la mañana del pasado martes. El descampado colindante con la gasolinera de Can Valero se había convertido en su nuevo lugar de residencia. "Hay unos pinos donde nos podemos resguardar de momento", indicó José. En cambio, se mostraba ayer reacio a acudir a un albergue municipal. "Esta lleno de yonquis y no nos dejan estar juntos", se lamentaba. Durante cuatro años se establecieron en un inmueble situado en el 51 del camí de Jesús "con permiso de los dueños". La mañana del martes sólo tuvieron tiempo para sacar la nevera, el microondas y unos cuantos enseres de la que había sido su vivienda para apilarlos en la cuneta. "Nadie nos había avisado del desalojo", se quejaba ayer José. Ahora se cubren con un plástico.