En uno de los casos la casa de los afectados fue declarada en ruina tras el derrumbe de rodríguez arias
LORENZO MARINA. PALMA.
Dos familias palmesanas se quedaron ayer en la calle por razones bien diferenciadas. Una de ellas, realojada hace semanas por la amenaza de ruina de su vivienda en la calle Socors, prefirió pernoctar a la intemperie antes que volver al hostal que Cort le había adjudicado. La segunda familia, compuesta por una pareja de okupas, se tuvo que echar a la calle por la presión de la pala excavadora.
La primera familia fue realojada de su vivienda del número 52 de la calle Socors hace unas semanas. Tras el derrumbe del inmueble situado en la calle Rodríguez Arias, su edificio fue examinado con detenimiento. Los técnicos declararon el inmueble en ruina. El hotel Sorrento, en la cercana calle Manacor, fue el establecimiento elegido por el Consistorio para realojar a los inquilinos del 52 de la calle Socors. Todo iba bien hasta que los servicios sociales municipales decidieron que debían ser realojados en otro hostal. La segunda opción fue una casa de huéspedes situada en la calle Martí Feliu. Tras pernoctar una sola noche, ayer estos afectados ya no pensaban en volver a él.
Toda la familia se sentó en la acera de la calle Socors mientras decidía qué hacer. "No podemos dormir allí, nos pica todo el cuerpo", explicaba ayer María José Santiago mientras sus dos hijos, de 10 y 6 años, jugueteaban en plena calle. "El olor que había en la calle no se podía soportar. Olía a perro muerto", resumía ayer gráficamente María José. Su madre, Luisa, suscribía punto por punto su opinión. "La peste que se respira allí dentro no deja dormir. Prefiero estar en la calle con mis hijos o dormir en el coche", sentenció.
El comedor que les habían asignado en esta segunda ocasión tampoco despertaba, precisamente, su entusiasmo. "Frente al Sorrento comíamos bien. Ahora no nos dejan ir allí y en éste no es lo mismo", se quejaban.
A unos metros de distancia, el origen era bien distinto aunque el resultado era idéntico: se habían quedado en la calle. Una pareja de okupas fue desalojada a primera hora de la mañana de la vivienda del 51 del camí de Jesús. Una pala excavadora redujo la casa a escombros en apenas unos minutos.
Cuatro años de ´okupas´
Sólo habían tenido el tiempo justo para sacar algunos enseres del interior. José y Josefa no tenían la menor idea de qué iban a hacer de ahora en adelante. "Hemos estado cuatro años de okupas con permiso de los dueños", aseguraba Josefa mientras daba buena cuenta de un bocadillo. Su pareja, por su parte, se preocupaba de enseñar el contenido de su frigorífico, repleto de congelados, a un margen del camino de Jesús.
José se gana la vida a duras penas como chatarrero y Josefa como aparcacoches. Desde el desahucio de ayer, la pareja une a sus escasos ingresos una preocupación más: dónde vivir.