CARLOS GARRIDO
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El Teatre Sans cumple este año su 25 aniversario. Y es un buen momento para hablar de sus fantasmas. El edificio del carrer de can Sans es toda una lección de historia. Aplicable a tantos y tantos otros lugares del casco antiguo. La manzana donde se encuentra fue concedida tras la conquista a los caballeros templarios. Y cuando la orden fue disuelta a la fuerza, pasó a los Hospitalarios de Sant Joan.
Es por lo tanto un caserón gótico, con orígenes islámicos, que fue transformándose con el tiempo. Eso explica su riqueza escenográfica, sus miles de rincones, sus ruidos inexplicables, sus luces, el frío gélido que atraviesa el patio los días de invierno. Como no podía ser de otra manera, es un lugar habitado por los fantasmas. Y no me refiero a los miembros de la compañía Estudi Zero. Sino de esas presencias inconcretas, habitantes de la sombra, que se instalan en los lugares muy antiguos.
En el siglo XIV, esta casa sirvió de lonja y "alfòndec" (una especie de fonda y almacén de mercaderes) a la familia Pròixida, uno de cuyos miembros fue Olf. Militar y capitán de galeras, participó en el lado catalano-aragonés en la guerra contra Jaume III, ejerciendo después de gobernador de la isla. Aquí se despacharían sus negocios con Valencia y Sicilia, lugares con los que tuvo mucha relación.
Después la casa pasó a manos de la familia Juny, mercaderes establecidos en el barrio comercial de la ciudad. La casa se fue dividiendo en muchas viviendas pequeñas. Hasta que en 1930 la ocupó el Centro Republicano Federal o Casino Republicano. Aquí se mantenían actividades culturales como representaciones de teatro o conciertos musicales. Después de la guerra civil pasó al Círculo Obrero Católico, y sirvió ya ininterrumpidamente de teatro hasta llegar a manos de sus actuales propietarios, que la han restaurado recuperando poco a poco muchos de los espacios en que se habían dividido.
La casa del Teatre Sans resume así la historia de Mallorca. Con sus luces y sus sombras. Sus escudos góticos, sus paredes venerables, sus crujidos misteriosos. Como si el temible Olf de Pròixida siguiera velando cada noche entre los vahos del misterio.