Urbanismo. Efeméride de una infraestructura emblemática

¿Y si el Parc de la Mar fuera un párking?

Se cumplen 25 años de la inauguración del ´espejo´ de la Seu, donde la reivindicación ciudadana evitó un aparcamiento

 
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Las obras causaron expectación entre los vecinos de Palma.
Las obras causaron expectación entre los vecinos de Palma.  Foto: Lorenzo
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I. MOURE. PALMA. Los turistas pasean, relajados. Cámara en mano, no se cansan de hacer fotografías. Visitan un entorno agradable, como cualquier zona verde que se precie. Áreas de sombra, terrazas de bares, juegos infantiles, bancos, fuentes... Después, hay una parada obligada. Se detienen delante del lago, elevan la vista y ante ellos se erige la majestuosidad de la Catedral de Palma. Cuando se cumplen 25 años de su inauguración después de innumerables vicisitudes, el Parc de la Mar es un referente en la Mallorca de postal turística. Pero la historia podía haber sido otra si, a finales del franquismo, la movilización ciudadana –una auténtica heroicidad en aquel entonces– no hubiese impedido que las autoridades cometieran un disparate urbanístico.
Para entender mejor esta historia, hay que situarse a principios de la década de los setenta. Unos pocos años antes, había germinado la idea de hacer un ´parque del mar´. Se trataba de dotar de sentido arquitectónico al espacio en forma de descampado que quedaba entre la autovía y la Catedral. Sin embargo, pronto se reveló que el proyecto de parque que había concebido la administración municipal dirigida por el alcalde Rafael de la Rosa no iba en la línea de las aspiraciones ciudadanas.
En el plan diseñado, había más gris de cemento que verde de vegetación. El Ayuntamiento había ampliado la zona destinada a un aparcamiento en superficie, que debía gestionar la sociedad Parkmar. Entre sus socios, figuraban personas con influencias en la administración.
En 1975, las primeras obras arrancaron. Pese a la mordaza que aún representaba el franquismo con sus últimos coletazos represivos, la ciudadanía reaccionó. A finales de julio de 1975, se registraba un intento de manifestación en la céntrica Jaime III. ´Parc sí, pàrking no´, era el lema de los manifestantes. Paralelamente, los vecinos entregaban a Cort 4.177 firmas en contra del proyecto. También exigían la dimisión del alcalde y sus concejales si no modificaban el plan urbanístico.
El órdago era importante. El escrito, redactado en catalán, contaba con el aval de miembros destacados de la sociedad palmesana.
Desde la prensa también se presionaba. "El ayuntamiento de Palma está dispuesto a sepultar las murallas debajo de una cortina de hormigón, aparcamientos y chorritos provinciales", argumentaba Josep Melià en El Correo Catalán. Ante la creciente oposición, el conocido como ´Párking del Mar´ comenzó a resquebrajarse. En mayo del 76, en plena Transición, el Consistorio rectificó y rescindió el contrato con Parkmar. El coste de la rescisión, 135 millones de pesetas.
Comenzaba entonces la historia del Parc de la Mar, tal y como se conoce en la actualidad. Cort, bajo el mando ahora de Paulino Buchens, convocó un nuevo concurso de proyectos, que, en mayo del 76, se adjudicaba el equipo de arquitectos Zócalo.
Tuvieron que pasar aún ocho años para su inauguración. No fue un camino fácil. Por momentos, la frustración se adueñó de la ciudadanía ante los continuos aplazamientos, fechas de apertura erróneas y descuadres presupuestarios. Una frustración que se rastrea en la letra impresa de los diarios. "Es una obra que se eterniza injustificadamente y un pozo sin fondo en el que nadie sabe cuánto dinero será necesario invertir", escribía DIARIO de MALLORCA en enero de 1984. Hasta el agua del lago causó problemas en su día al desencadenar varias plagas de mosquitos, con las consiguientes molestias para los vecinos.
Por fin, pese a todo, el Parc de la Mar se inauguraba el 12 de octubre de 1984, con la presencia de los Reyes y varios ministros del Gobierno. Era la obra más importante construida en Palma en el siglo veinte, destacó aquel día el entonces alcalde, Ramón Aguiló. Tampoco faltó un recuerdo para los ciudadanos que habían luchado para modificar el proyecto. Sin ellos, dijo, no hubiese sido posible.

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