Derrumbe mortal en palma. Apuntalan una finca ubicada a la vuelta de la que se hundió el domingo
MÓNICA G. DOARTE. PALMA.
Magdalena García vive en el primer piso del edificio ubicado en el número 2 de plaza Serralta, a la vuelta del que se hundiera el domingo pasado. El miércoles por la noche, el Ayuntamiento ordenó al propietario de la finca donde vive Magdalena que realizara obras urgentes para subsanar algunos fallos que los técnicos de Cort detectaron en el inmueble dos días después del trágico derrumbe. Como prevención, los bomberos apuntalaron una de las habitaciones del piso de Magdalena y ésta, por precaución, se llevó a su madre, de 89 años, a la casa de su hermana para que pasara la noche.
"Hoy por la mañana [por ayer] pregunté a los policías si ya me podía traer a mi madre, pues mi hermana trabaja, y me dijeron que sí. Cuando la traje, me obligaron a tenerla sentada en la silla de un bar durante tres horas, pese a que está muy enferma, porque no podíamos entrar. No hay derecho a que nos traten así, ya estamos hartos de tanto paripé por parte del Ayuntamiento, no se coordinan ni entre ellos", espetó ayer Magdalena a esta redactora, apenas sin respirar.
Previamente, le advirtió a gritos: "En este barrio ya estamos hartos de tanto periodista, que son peor que los políticos. Dentro de dos días no se verá a ningún periodista más por el barrio. A la prensa le importamos lo mismo que a los políticos: nada. Y de políticos con trajecitos, que aparecen cuando no tienen que aparecer y desaparecen cuando se los necesita ya estamos cansados".
Casi media hora después, y más calmada, aseguró: "Estoy agotada, ya no puedo más. El edificio en el que vivo es un castillo al lado de otros del barrio, que se caen a pedazos, pero a esos Cort no los mira. Y esa es la verdad más absoluta: que Cort no mira los edificios que realmente están mal. Con esta finca ha exagerado, sólo se detectaron unas humedades y venga a poner puntales a lo loco...".
La finca tiene dos alturas y una planta baja, donde vive una mujer que también rehusó a hablar con este rotativo.
La segunda planta del edificio está desocupada y, tal como se podía apreciar desde la acera de enfrente, varios trozos de techo estaban desprendidos, al igual que algunos pedazos de la fachada. El hijo del propietario del inmueble, quien pidió el anonimato, accedió a hablar con DIARIO de MALLORCA después de inspeccionar las tres plantas del edificio en compañía de dos arquitectos municipales, aunque se negó rotundamente a que el inmueble fuese fotografiado por dentro.
"El edificio iba a tener que ser apuntalado en breve, porque hace dos semanas el Ayuntamiento nos había aprobado un proyecto para reformarlo –explicó–. Uno de los arreglos principales se iba a hacer en la segunda planta, donde hay que quitar peso para poder arreglar las vigas, por eso digo que el piso iba a tener que ser apuntalado más tarde o más temprano, pero de una manera más ordenada y tranquila para los inquilinos. El derrumbe de aquí a la vuelta lo precipitó todo".
Afirmó, asimismo, que el edificio tiene una antigüedad "de entre 60 y 80 años" y que su padre lo adquirió "hace casi 20". Y subrayó: "Los arquitectos municipales no me dijeron nada nuevo, pues todos los desperfectos que detectaron ya estaban incluidos en el proyecto de reforma pues lo pusimos en manos de aparejadores, e incluso hubo un fallo que los arquitectos municipales ni vieron, se lo tuve que enseñar yo". Confirmó, asimismo, que el apuntalamiento que ordenó Cort "no tiene nada que ver con un peligro de derrumbe sino con un problema de humedades; de hecho, el objetivo de la reforma, además de mantener el edificio en condiciones, apuntaba a poder tener más inquilinos". Ahora, el comienzo de la reforma depende de cuándo el banco les otorgue el préstamo. Mientras tanto, Magdalena y su madre enferma de 89 años deberán acostumbrarse a vivir en un piso apuntalado.