Temen que su situación empeore cuando se construyan las viviendas de protección oficial
Calles perfectamente asfaltadas con las aceras acabadas y las farolas colocadas, que están cerradas desde hace dos años. Un servicio de limpieza y contenedores de basura que no se adecúan al número de sus habitantes. Falta de pasos de peatones y semáforos en zonas de mucho tráfico como la carretera de Manacor, por donde cruzan muchos niños y mayores para acceder al polideportivo German Escales y el colegio San José Obrero, con un alto riesgo de accidentes. Presencia policial prácticamente inexistente. Falta de comercios, de un centro sanitario y un centro cultural. Falta de líneas de buses que les comunique con el resto de la ciudad...
Hay que valerse de un lugar común y un tópico en toda regla para describir cómo se sienten los vecinos de la urbanización Son Güells: dejados de la mano de Dios.
Se trata de una barriada nueva, de alrededor de 400 viviendas con amplios espacios verdes. Está ubicada detrás del Estadio Balear, junto a la residencia Son Güells, y relativamente próxima al hospital Son Llàtzer. A priori, muy cerca de todo, incluso del centro de Palma, pero "absolutamente aislada", en palabras del presidente de la asociación vecinal recientemente creada, Alberto Baz, "hartos" de presentar reclamaciones a título personal ante las administraciones públicas.
Por ello, dicen sentirse "abandonados" por el ayuntamiento de Palma, que sigue sin recepcionar la urbanización, con todas las molestias que eso representa para el vecindario. De todos los problemas antes de descritos, destaca el de la falta de seguridad y las calles cerradas. "Es surrealista, porque para acceder a nuestros garajes debemos dar miles de vueltas y circular la mayoría de las veces en contradirección. Además, ha habido muchos robos a los coches aparcados en la calle porque la policía prácticamente no viene por al barrio", dice Alberto Baz.