JOSEP CAPÓ. PALMA.
En su primera acepción, el diccionario de la Real Academia de la Lengua define la calumnia como una "palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos". También la define como "una palabra gravemente injuriosa contra alguien". Lo anterior viene a cuento por la puntualización del concejal del PP Álvaro Gijón a la alcaldesa, Aina Calvo, en el sentido de que "nadie puede haberle calumniado a no ser que sea la Virgen o María Santísima".
Previamente la alcaldesa había replicado con contundencia al concejal conservador Sebastià Sansó por la afirmación atribuida a la primera autoridad municipal según la cual justificó el cambio de muebles del despacho de alcaldía –operación realizada en 2007 y que costó 30.000 euros– por "ser indigno". Calvo afirmó inicialmente que sobre esta cuestión se vierten "blasfemias, mentiras y calumnias", aunque, tras la puntualización de Gijón, rectificó y sustituyo la blasfemia por "infamia". El despacho fue también protagonista al finalizar la sesión, puesto que Calvo invitó a los presentes a visitarlo para que comprueben que "con el dinero de todos, en 2007 se reformó para mejorar las tareas de representatividad que atañen a la alcaldía". En el pleno de ayer se estrenaba como portavoz del grupo muncipal del PP, Julio Martínez. En su línea, la primera discusión versó sobre una cuestión formal sobre si el equipo de gobierno podía o no presentar enmiendas a una propuesta de pleno. El reglamento dice claramente que no, pero la secretaria interpretó que, puesto que la enmienda había entrado en tiempo, podía discutirse si el teniente de alcalde Eberhard Grosske la hacía suya como portavoz del grupo municipal del Bloc. Martínez no estuvo de acuerdo con esta "interpretación", discusión que se "comió" buena parte del tiempo disponible para su intervención. La guinda de su estreno como portavoz la puso la intervención final de la ex alcaldesa, Catalina Cirer, que recriminó a Aina Calvo que no hubiera tomado "las riendas" de la problemática de Son Gotleu y no hubiera intervenido ella personalmente, en lugar de dejar que lo hiciera su teniente de alcalde Eberhard Grosske. Calvo le replicó afirmando que la "oportunidad" que brindaba el pleno sobre Son Gotleu "no era para esta alcaldesa, sino para sus vecinos y vecinas".