M. G. DOARTE/ F. HORRACH . PALMA.
Pese a la alerta por fuertes lluvias, el segundo día el colegio no provocó ayer colapsos, atascos o retenciones, aunque sí hubo puntos con tráfico denso, como el Camí de Son Rapinya (con numerosos colegios y gran afluencia de alumnos), si bien en la avenida Picasso la circulación era fluida a primera hora de la mañana. La misma fluidez se podía percibir por Aragón o Balmes; en esta última vía había innumerables discos con carteles que permitían aparcar en doble fila durante dos minutos. Pese a ello casi nadie hizo uso de esos espacios.
Varios padres que llevaban a sus hijos al colegio Santa Mónica (calle Reina Violanta) explicaban que, aunque "normalmente" utilizan el coche, ayer no quisieron correr "riesgos" y prefirieron acercarse a pie (aunque hubo muchos que llegaban hasta la puerta misma del centro con sus coches). A la salida la situación cambió un poco pues, por lo menos 20 minutos antes de las 14,00 horas era imposible encontrar un sitio donde aparcar en doble fila, lo que contribuyó a que casi no se vieran coches recogiendo a los niños en la puerta del centro. Los ánimos de los progenitores estaban bastante divididos, los había muy comprensivos o muy molestos con los cambios de hábitos impuestos por una ciudad en obras o por la presencia de nuevos carriles bici. Este último era el caso de Juan Calbarro y de su esposa Malena de Castillo, quienes este curso, por primera vez, tuvieron que ir y volver a pie del colegio San Cayetano hasta su vivienda en Sa Teulera en vez ir con el coche directamente hacia sus trabajos: "La alcaldesa ha decidido por nosotros cómo tenemos que vivir nuestra vida", criticaban por este periplo de 30 minutos. María Coll, por su parte, y tras dejar a su hija en el Santa Mónica, subrayó: "Menos mal que no llovió, aunque todo es cuestión de acostumbrarse; con estas obras es menos estresante caminar que conducir".