MATÍAS VALLÉS
Rodrigo de Santos es responsable de su comportamiento, y Catalina Cirer lo era del dinero público que su número dos desvió hacia prostíbulos homosexuales. Quienes no reaccionaron cuando se les informó sobre la conducta del responsable de Urbanismo, sobre sus adicciones y los riesgos que conllevaba, comparten la culpabilidad política aunque ignoraran que los pagos procedían de la fuente que estaban encargados de velar. Nunca hubieran participado de unas prácticas que les horrorizan, pero confiaban en la impunidad tradicional del PP.
Los superiores de Rodrigo de Santos son los voyeurs de esta historia. Literalmente, porque uno de los empresarios afectados por decisiones del teniente de alcalde diseminó el oportuno dossier. Ese voyeurismo pagado con fondos públicos, que no disfruta del atenuante de una drogadicción, también se somete a juicio. Se insiste en que los mecanismos de control no funcionaron. Falso. Cumplieron con su cometido, la permisividad absoluta hacia los altos cargos del PP. Todavía hoy, Cirer sienta en su banco a una concejal que pagó a sus familiares con fondos públicos un billete de avión que ni siquiera pasaba por Palma. "No soy su madre", insiste la ex alcaldesa, un argumento tan ausente de lógica jurídica como de caridad cristiana.
Sobran razones para celebrar este juicio, y hay que remarcarlas porque Rodrigo de Santos considera que, una vez que él ha confesado y ha pedido perdón a la ciudadanía –detalle honroso que le diferencia de la mayoría de cargos del PP sorprendidos con las manos en la masa–, el proceso pierde sus objetivos. Además de juzgar políticamente a los voyeurs, las actas serán imprescindibles para convencer a Mariano Rajoy de que falta peligrosamente a la verdad, cuando asegura que no hay condenas contra sus correligionarios. Sólo en Mallorca se han dictado ya media docena de sentencias de cárcel, por no hablar de una docena de confesiones entre las que descuella el número dos de Cirer.
De Santos asume su cocainomanía casi con fervor, pero niega que contratara servicios de prostitución. Hay que respetar todas las estrategias para sortear la cárcel, pero se acumulan demasiados indicios en contra de esta distinción escolástica que recuerda a Clinton confesando que fumó marihuana pero no la inhaló. En primer lugar, un local de alterne gay no es el zoco más discreto para abastecerse de droga, sino un foco de comidillas. En segundo lugar, las facturas detallan los servicios prestados. En tercer lugar, he hablado con algunos de los prostitutos que tuvieron trato con el concejal del PP, y no albergan la mínima duda sobre las actividades en que se embarcaron. En cuarto lugar, el político conservador cerraba Casa Alfredo toda una noche, extraño gesto magnánimo de quien sólo pretende aprovisionarse de drogas. En quinto y más visible lugar, existen las imágenes ya difundidas por sus compañeros de francachelas, explícitas y que lograron que Cirer apareciera en Interviú.
Al margen de las sentencias, el primer proceso a Rodrigo de Santos ha de afianzar los hechos, para fijarlos en la mente de los voyeurs y del incrédulo Mariano Rajoy. Por inadmisible que parezca, el responsable del Urbanismo en una de las piezas más codiciadas del Mediterráneo, saqueó la tarjeta de crédito de Cort en locales de prostitución, una opción de ocio que aparece con notable frecuencia en los gustos y gastos del PP durante la pasada legislatura.
Un trabajador medio necesita tres años para ingresar la cantidad que Rodrigo de Santos pulverizó en prostíbulos. Pese a ello, la derecha esgrimió la doble moral para celebrarlo como un excelente gestor. La adicción a la cocaína, los presuntos abusos a menores o el sexo de pago obtienen una inusitada tolerancia cuando son ejercidos desde las propias filas. Pena de muerte si se atribuyen a un ser marginal, "los chicos no eran tan menores" si la acusación pende sobre uno de los nuestros. Ni siquiera afectaba a su rendimiento, salvo cuando le conviene a efectos penales.
El hombre que pernoctaba en los prostíbulos no tiene nada que perder. Sus compañeros de correrías vivirán estas jornadas con alguna tribulación y escalofrío. Mallorca vuelve a los titulares con una historia que reúne sexo, drogas y la utilización de los caudales públicos para fines alejados de su propósito. A continuación, el PP exigirá austeridad a las administraciones. Por fortuna, el ingente esfuerzo explorador de la fiscalía y la justicia sólo alcanzará un porcentaje mínimo de lo sustraído entre 2003 y 2007.