CARLOS GARRIDO
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Al final de la calle Andrea Doria, cerca de lo que fue el Kursaal, se puede ver una antigua casa. Es Can Baró y su nombre dio origen a toda esta barriada. Urbanizada a partir de los terrenos de esa finca. Muy pocos emplean ese nombre para designar la zona. Lo más popular es hablar ´des Tenis´.
Eso tiene su explicación, porque el Mallorca Tenis Club ha sido toda una institución desde 1960, cuando fue fundado por Pedro Alomar.
Es un minúsculo corazón verde en una parte de Palma que pasó de terrenos rurales y pequeños chalets a grandes bloques de viviendas. Además, esas instalaciones cuentan con un edificio diseñado por Francesc Mitjans, el arquitecto que proyectó el campo de fútbol del Camp Nou y es autor también del edificio y del hotel Araxa. Son unas construcciones muy sencillas y ´sesenteras´, con los juegos de celosías que tanto le gustaban y muchos espacios abiertos.
Sin embargo, en estos momentos el Mallorca Tenis Club pasa por un trago difícil. A final de mes se acaba la concesión. El club ha ido perdiendo recursos en los últimos años. La piscina está clausurada, algunas partes edificadas tuvieron que apuntalarse y todos miran hacia el futuro con inquietud. A pesar de que conserva el renombre y de que incluso sirvió para rodar un spot con Rafael Nadal, quien ha entrenado allí muchas veces, su situación presente es de clara decadencia. Empezando por el mismo letrero de la entrada, con algunas letras oxidadas y torcidas. Los vecinos, sobre todo, temen que el solar quede abandonado y ocurra lo mismo que en la piscina de s´Aigo Dolça, el Lluís Sitjar y otros casos semejantes.
Son 5.000 metros cuadrados en pleno centro de Palma que fueron el símbolo del standing y la exclusividad durante un tiempo. Sería una pena que ese pulmón verde y ese encanto ligeramente demodée de las instalaciones sufrieran la cruel suerte que han experimentado otras instalaciones parecidas.