CARLOS GARRIDO
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El otro día salía yo de casa por el camino de siempre. Y al llegar a las Avingudes, de repente noté algo extraño. Todos los coches se apelotonaban en dos carriles, mientras otros dos estaban vacíos. Era una sensación insólita y disimétrica. Como si hubiesen encogido tras lavarse con su detergente habitual. ¡Las Avingudes se habían convertido en unas Miningudes!
Luego recordé los planes innovadores que se han puesto en marcha. Al darme cuenta de que hay un carril-bici, otro para taxis y autobús, otros dos para los coches. ¡Y todavía falta el tranvía! Que como mínimo tendrá dos vías, digo yo. A no ser que vayan una encima de la otra.
La verdad es que no pensaba que las Avingudes, perdón las Miningudes, dieran para tanto. Y ya que estamos, ¿por qué no institucionalizar nuevos carriles?
Por ejemplo, un carril-colom. Dedicado únicamente a las palomas. Así no causarían un efecto tan desordenado yendo de un sitio a otro mientras hacen glob-glob-glob. No señor, a partir de ahora "tots els coloms pel seu carril. Idò!" Y como sería un carril bastante estrechito, podría montarse otro nuevo carril-cochecito de bebés. De todos esa sabido lo difícil que resulta conducir un cochecito de niño en medio de tanta gente y tanto tráfico. Pues nada, hombre, un carril-bebé. Por carriles que no quede.
Y como probablemente todavía nos sobraría espacio, ¿por qué no privatizar el resto de las Avingudes? Ya me imagino el cartel: "Sea propietario de su propio carril por un precio razonable. ¡Últimos días!".
Así uno podría disponer, sin ir más lejos, de un carril-Garrido. Por donde iría y vendría de mis habituales puestos de avituallamiento de horchata.
El conductor que se queje porque hay colas y no caben tantos vehículos, pues que se compre su propio carril y ya está.
Ya saben aquello de que Cort aprieta pero no ahoga. ¿O era al revés?