08 de abril de 2018
08.04.2018
Tribuna

Ocurrenciología

08.04.2018 | 02:45
Ocurrenciología
En la Era del Pensamiento Tuit, donde hay quien se esfuerza en condensar su elaboración intelectual del día y marcar escuela o dar instrucciones a los ejércitos en un Twitter de tan solo una o dos frases, surge también como tendencia social dominante la "Ocurrenciologia", que podríamos definir como el arte y práctica de la "Ocurrencia".

Leí por primera vez el neologismo del titular en un cautivador libro del escritor francés Leon-Paul Fargue (1876-1947) que mezclaba, como un cóctel noctivago, París y la cultura, como si de dos amantes se tratara, describiendo con nostalgia un mundo civilizado que se le escapaba de las manos, que desaparecía ante sus ojos. El libro fue escrito en su mayor parte a lo largo del año 1938, para ver su publicación al año siguiente. Tremendas fechas de vientos de guerra e incertidumbres. El libro se llama El peatón de París y en el mismo aparece insertado un artículo memorable sobre la transformación de Los Campos Elíseos, en los años veinte y treinta del siglo pasado, cuando los primeros cinematógrafos arribaron a sus fronteras, a esas aceras interminables y a sus cafés. Y cómo todo cambió: la gente forastera , los parisinos y parisinas, los negocios modernos y hasta sus propios cafés. Otro París nacía.

La industria del cine empezó a desarrollarse en esos mismos cafés con multitud de ocurrencias sobre películas, sin suficiente financiación, con guiones que no sabían leer el deseo de los espectadores y con resultados desesperanzadores para todos aquellos aprendices de actor o de actriz provenientes de humildes distritos de París o de las prefecturas provinciales . Y fracasó. Se impuso como sabemos Hollywood y su estrategia empresarial , probablemente al servicio de una creciente potencia. Hoy es la cultura norteamericana la que sigue predominando y extendiendo su cultura frente a la vieja Europa. Fueron menos ocurrentes y más pragmáticos.

El Turismo, con mayúsculas, es nuestra industria moderna. La de nuestra Mallorca. Es nuestra manera de hacer las cosas desde hace sesenta años y que nos ha permitido crear y mantener una estructura productiva económica, desarrollar empresas y puestos de trabajo y generar con sus impuestos un razonable estado de bienestar. Esto es así y es demostrable empíricamente.

También es cierto que el Turismo sin ningún control genera sus propias sombras. Y también es cierto que el Turismo es manifiestamente mejorable en su sostenibilidad y es clave para acertar en la mejor distribución de la riqueza entre todos los miembros de la sociedad a la que sirve. Estos dos conceptos, la sostenibilidad medioambiental y la mayor igualdad social ya no son patrimonio de la izquierda militante. Para cualquier empresario ilustrado –y los hay, créanme que los hay y muchos– son ideas fuerza que mantienen a flote una sociedad en medio de las tormentas.

En ese punto de intersección de la inteligencia social nos verán a los empresarios, también a los hoteleros, que tengan visión de perdurar y que quieran lo mejor para todos y no sólo para ellos mismos.

Puedo no estar de acuerdo con la manifestación y entender el icono en negativo que representa la arribada del mayor crucero del mundo al puerto de Palma, esta mañana, especialmente para aquellos que claman de buena fe una alerta por la carga excesiva, que parece sin límite, en Mallorca y la necesidad de visualizar su impacto con una demostración pública. A los de mala fe que siguen otros objetivos de nada les servirá este artículo, quizás porque amen menos a Mallorca y a su gente, a toda su gente. Sin exclusiones.

Creo que la manifestación será una ocurrencia con efectos negativos para todos y que no es la expresión que sería aprobada por una parte muy sustancial de la sociedad mallorquina. Creo que tampoco se lo merecen las personas que van en el crucero que son turistas, como nosotros cuando vamos a sus países, algo que parecemos olvidar muchas veces.

Creo que, sedientos como estamos de propuestas en positivo, deberíamos sentarnos los representantes de la sociedad civil organizada, de buena fe, y marcarnos una estrategia social de futuro con medidas concretas que hagan realidad un turismo sostenible. Lo demás son ocurrencias. Somos diferentes y complejos como toda sociedad moderna , pero tenemos intersecciones comunes en los intereses futuros ya mencionados. Es difícil, pero ya que vamos a vivir juntos en ese futuro, hagamos un ejercicio de responsabilidad cívica.

Creo que la Caeb, la Cámara, la Federación Hotelera y las demás Asociaciones empresariales y sindicales que representan el tejido económico de nuestra sociedad deben intentarlo. Como advertía Leon-Paul Fargue en el artículo de referencia, "quedarse sentado puede ser adictivo a su manera", y mientras tanto las personas son rebasadas por los acontecimientos y las ocurrencias.

A algunos solo nos queda rescatar y perseverar en algunas virtudes cívicas, contra toda pronóstico. Perseverar en el ejercicio de corresponsabilidad con propuestas y estrategias sociales conjuntas y concretas, confiando en la inteligencia de grupo, confiando en un país embarcado hacia el futuro.

*Abogado. Vicepresidente Asociación Hotelera Playa de Palma



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