Tribuna

Formación del espíritu nacional

26.09.2017 | 02:45
Formación del espíritu nacional

ace unos días quedé con una persona en la puerta de los juzgados de vía Alemania, que como todos saben, están instalados en lo que en otros tiempos fuera el prestigioso colegio La Salle. Como teníamos tiempo, y sin duda por hablar de algo, dicha persona me contó que había cursado sus estudios de bachillerato en aquel lugar, lo que a su vez nos llevó a hablar de un famoso profesor de Formación del Espíritu Nacional y de cómo al inicio de la jornada se izaba la bandera cantando el Prietas las filas, y como se arriaba al final de la misma con el canto del Cara al sol.

Para quienes no lo sepan, estas canciones eran canciones falangistas, canciones que todas las personas de mi época nos sabemos de memoria, porque era obligatorio cantarlas cada día. "Formación del Espíritu Nacional" intentaba ser una asignatura dedicada a enaltecer los valores de España, por supuesto, de la España católica, y naturalmente del régimen.

La persona con la que hablé me dio la impresión de ser de izquierdas, aunque no lo expresó, seguramente porque no venía a cuento, pero también me dio la impresión de que era españolista convencido. Yo creo que todos los de mi edad, independientemente de nuestras tendencias políticas, y precisamente por aquella educación, somos españolistas (por decirlo de alguna manera y evitar la denostada palabra "patria", que ahora se omite a toda costa por políticamente incorrecta).

Todo lo que acabo de contar viene al caso porque el ser de derechas o de izquierdas no debería interferir con el amar a nuestro propio país, como ocurre en cualquier otra democracia de Europa. Aquí se cuestiona hasta la bandera, y al que manifiesta amor por una España fuerte y unida con frecuencia se le llama "facha".

La cuestión es que hemos pasado de un sistema educativo en el que se inculcaba el amor a España a un sistema en que casi se podría decir que se inculca lo contrario, por lo menos en algunos lugares. Parece ser que muchos creen que el manifestar sentimientos nacionales españoles tiene que ver con el régimen del general Franco, mientras que ser nacionalista catalán, vasco, o cualquier otro, que lo hay, está dentro de la normalidad.

El problema es que quienes perdieron la Guerra Civil, por mucho que pactasen una modélica Transición, no han podido liberarse del revanchismo y se han dedicado a destruir todo lo que les olía al régimen anterior, confundiendo valores básicos de convivencia con adoctrinamiento franquista, ergo si Franco cultivaba el espíritu nacional, había que hacer lo contrario, o sea, desarraigarlo.

España es una, y por mucho que esta palabra estuviese en el lema del movimiento franquista, podría estar perfectamente en un lema constitucional si lo hubiere, porque España ha sido una desde que los Reyes Católicos conquistaron Granada, y de esto hace ya más de 500 años.

En las escuelas ni se izan banderas, ni se arrían, y el concepto de España ha desaparecido del sistema educativo. En resumen: comenzamos a no tener nación, ese concepto que tanto les cuesta definir a algunos y que es tan sencillo, como que una nación es una comunidad con un sentimiento nacional. Así de fácil: si no hay sentimiento, no hay nación.

El espíritu nacional no es un concepto franquista, es la base de cualquier nación, y si bien no tiene por qué ser un asignatura, es un sentimiento que debe cultivarse. Así lo han visto los catalanes y otros, que sí se han cuidado de inculcar este sentimiento a los más jóvenes, aprovechando el vacío dejado por el Estado, y ahora, mal que nos pese, tienen una nación sin Estado dentro de España que irá engrandeciéndose a medida que se siga con su política de enseñanza.

Qué pena me dan esos que buscan soluciones al nacionalismo catalán a base de conceder más prebendas –que ya no sé qué más se les puede dar–. No entienden nada. Los sentimientos no se compran ni se venden, como bien decía Manolo Escobar. Si no se recupera el espíritu nacional español España se convertirá irremediablemente en un conjunto de países al estilo balcánico.

No es broma.

*Abogado

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