Tribuna

Dejen tranquilos nuestros úteros

30.06.2017 | 02:45
Dejen tranquilos nuestros úteros

Los nuevos tiempos de capitalismo salvaje –donde todo es susceptible de comprarse y de venderse– nos traen un atávico debate patriarcal en torno a la colonización de los cuerpos de las mujeres como son los vientres de alquiler. Eso sí, revestido de progresismo, modernidad y su correspondiente neolengua: "maternidad subrogada" que la formación naranja de Ciudadanos hace suya para llevar al Congreso de los Diputados en forma de una Proposición de Ley.

En el pasado 39 Congreso Federal del PSOE quedó patente, una vez más, el compromiso inequívoco del Partido Socialista con el feminismo. El partido que más ha hecho por la igualdad en este país rechaza de manera tajante cualquier práctica que conlleve la mercantilización del cuerpo de las mujeres. El PSOE procede de una tradición que ha sabido conjugar perfectamente el respeto a las libertades con la promoción de la igualdad. Nos negamos a asumir el dilema de aquéllos que afirmaban que teníamos que decidir entre una u otra. Ahora bien, el ejercicio de la libertad no se puede fundamentar en la explotación de terceros, en este caso, de mujeres vulnerables que por necesidad gestan y paren, para otros.

Ciudadanos pretende extrapolar "el laissez faire" del libre mercado al plano individual. Lo que subyace es una concepción antropológica neoliberal fundamentada en el individualismo posesivo, donde nada debe interponerse entre los deseos y la cartera.

Para hacer más digerible su propuesta de cara a la opinión pública, presentan una ley señuelo en forma de regulación "altruista" ocultando el verdadero negocio que se esconde a nivel internacional, donde se entremezclan factores de desigualdad de clase y de género. En la práctica tal regulación abocará a las mujeres pobres a parir los hijos de parejas acomodadas. El caldo de cultivo es evidente: feminización de la pobreza, precariedad, falta de oportunidades que en estos años de crisis han llevado a países como Grecia a regular el alquiler de úteros.
Poner el foco en la solidaridad es una trampa que enmascara la realidad. En países, como Inglaterra, donde tienen una legislación "altruista" lo que observamos es la baja estadística de mujeres voluntarias. Sin embargo, lo que sí es cuantitativamente significativo es el número de parejas que recurren al mercado internacional para comprar bebés. He aquí al quid de la cuestión de la propuesta "altruista". Lo que pretende -por la puerta de atrás y con una cara más amable que la legitime- es que se legalice lo que a día de hoy está prohibido en nuestro país, registrar en el registro civil bebés comprados en otros países.

No es razonable ni deseable que las mujeres por contrato puedan renunciar a derechos básicos como el de la filiación y la custodia. Muchos siglos nos ha costado acceder a la patria potestad y custodia de los hijos, como para que ahora este derecho entre en el mercado. Los derechos, le pese a quien le pese, son inalienables y no se pueden vender, ceder o regalar.

Para aquellas mujeres solidarias que están dispuestas a parir por sus hermanas o amigos, hay que dejarles claro que esto ya se puede hacer. El procedimiento a seguir será renunciar a la custodia del menor y abrir un proceso de acogimiento familiar que terminará en la adopción por parte de su hermana o amigos. Entonces, si la gestación altruista es posible vía adopción ¿de qué estamos hablando? De lo que hablamos es que los lobbys y el gran mercado de la reproducción se aseguren mujeres gestantes a las que desposeer de derechos básicos como el derecho de filiación y de custodia, derechos que las mujeres tenemos al parir y que nos convierten en la madre de la criatura. Se trata de transformar este derecho en otro de naturaleza economicista con el fin de proteger el negocio de bebés a la carta y a los compradores. Para ello se plantean unos nuevos conceptos jurídicos como son los de "filiación intencional" o "voluntad de procreación" que nos sitúan ante un nuevo paradigma con muchas lagunas éticas y jurídicas que pueden propiciar situaciones de compra-venta de bebés, suplantación de la maternidad y que podría socavar el derecho a la libre interrupción del embarazo.

Para conseguir los cotizados productos -los bebés- se debe borrar del mapa a la madre -palabra tabú- cortando de raíz cualquier rastro genealógico (con los problemas jurídicos que esto puede acarrear cuando el menor quiera conocer su identidad). Patriarcado y neoliberalismo se funden en uno y 2400 años después, las mujeres volvemos a ser consideradas como nos definió Aristóteles "meras vasijas vacías del recipiente del semen creador".

Despojadas de derechos, sin poderse volver atrás una vez firmado el contrato, las mujeres deben pasar por terapias psicológicas de programación conductual para conseguir disociarse de su proceso fisiológico, emociones, pensamientos y romper cualquier vínculo afectivo con su bebé.

No nos dejemos engañar con cantos de sirena de propuestas altruistas. Seamos capaces de trascender el discurso emocional y analicemos de manera reflexiva y crítica las consecuencias de esta práctica sobre los avances en los derechos de las mujeres. No seamos indiferentes, que los deseos no se antepongan a la justicia con las mujeres de todo el planeta. No contribuyamos a la globalización de la explotación y la pobreza. Que de ésta, ya tenemos suficiente. Para que alguien compre, alguien se tendrá que vender. No pongamos a las mujeres en esta tesitura. Tenemos una gran cantidad de niños institucionalizados que necesitan una familia, promovamos adopciones más ágiles y sensibilicemos entorno a la idea de que la maternidad o paternidad es una función social más allá de huellas genéticas narcisistas.

Las mujeres no somos técnicas de reproducción asistida y no podemos aceptar contratos que nos traten como medios. Tanto nuestro Código Civil como la Constitución amparan este derecho. No dejemos que los lobbys ni concepciones del capitalismo salvaje tiren por tierra los avances conseguidos y una visión humanista de la sociedad.

El PSOE defiende un feminismo solidario, el que no renuncia a la justicia social. La libertad no debe implicar privilegios, es un compromiso colectivo con el bienestar y la dignidad. Nuestras políticas han permitido cambiar las condiciones de vida de millones de mujeres. Seguiremos luchando para que el neoliberalismo no devore las conquistas conseguidas.

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