Tribuna

De Al Qaeda al Daesh, y sobre el eje Teherán-Riad

29.06.2017 | 02:45
De Al Qaeda al Daesh, y sobre el eje Teherán-Riad

El origen del Daesh es el ISIS –también conocido como Estado Islámico–, una escisión de una facción de Al Qaeda en Irak, que tiene que ver con los conflictos internos del yihadismo sunita y el debilitamiento de Al Qaeda tras la desaparición de Al Zarkhawi y Bin Laden, y la no resolución del conflicto iraquí: no haber integrado al Baaz y a las milicias sunitas en la transición iraquí. Y por supuesto, la no planificación de la postguerra por parte de EE UU, dejando que una mayoría chiíta dominara el gobierno iraquí, pasando este salafismo a ser más sectario atacando objetivos chiítas en Irak. Las milicias del ISIS, más tendentes al modelo de califato, pasaron a controlar los enclaves petrolíferos. Pero experimentó un mayor crecimiento tras el brote de las revoluciones árabes-musulmanas, al financiar en 2013 el wahabismo saudí su expansión a Siria para derrocar al régimen de Al Asad, que no estaba bajo su órbita. Aprovechando que hay un éxodo previo iraquí hacia el norte de Siria, ISIS acude así a combatir al régimen de Bashar al Asad sustentado por el Irán chiíta, mediante la fusión de las milicias iraquíes y las sirias del frente Al Nusra. El Daesh no es más que una prolongación de la situación iraquí, de las divisiones internas del yihadismo sunita y del eje chiísmo-sunismo, a Siria. Tras la toma de Siria, Al Baghdadi dio su mítico discurso desde la mezquita de Mosul en 2014, anunciando su ruptura definitiva con Al Qaeda y autoproclamándose califa de los territorios conquistados de Siria e Irak. Hoy estamos pendientes de confirmar si ha sido definitivamente eliminado en un ataque ruso.


ISIS pasó a ser Daesh cuando se convirtió en un producto antiiraní más fuerte e internacionalizado entrando más de lleno en la pugna del eje Teherán-Riad, gracias a los fondos wahabitas saudíes que, junto con el resto de países del Golfo, y la ayuda de Turquía –juntos han llegado a conformar como una OTAN sunita–, se concentraron en promover la penetración del wahabismo en los países de las revueltas. A Turquía le interesaba entrar en esta nueva alienación, para utilizar a estos grupos como pantalla para combatir a los kurdos, e incluso abrir sus fronteras a los flujos de gas y petróleo hacia Europa. El wahabismo es una corriente del islam que data del siglo XVIII y ha cobrado diferentes formas y alineaciones geopolíticas a lo largo de la historia. Pero no hay que confundirlo con el salafismo, ya que históricamente no han ido siempre de la misma mano en oriente próximo ni en el norte de África. Hay salafismos nacionalistas, sectarios, solo religiosos pero no terroristas, enfrentados al wahabismo, integrados en sistemas democráticos, además del wahabita. El wahabismo operativo, fruto de la unión entre el pensador Wahab y el financiador saudí Ibn Saud, tuvo una primera fase histórica entre el siglo XVIII y XIX, en que se destacó por atacar los santuarios chiítas, tal y como hacen ahora los grupos terroristas sunitas en Irak no integrados en el proceso político (que se centraron en atacar a occidentales durante la ocupación). En la segunda mitad del siglo XIX pasó a financiar las luchas de descolonización, en el siglo XX se transformó en un movimiento contra la evolución y el progreso, y en el siglo XXI se ha internacionalizado contra la hegemonía de occidente pero también contra los regímenes chiítas. La financiación wahabita actual esmuy parecida a la originaria de Saud, con la diferencia de que proviene del auge de las explotaciones petrolíferas y gasísticas que los países del Golfo emprendieron en los años 70 con los yacimientos descubiertos en 1938. El control de los pozos de petróleo y de las ciudades estratégicas iraquíes, junto con la financiación del Golfo Pérsico, sobretodo saudí, para expandirse a los países de las revoluciones, han convertido al Daesh en la milicia mejor financiada del mundo (se estima en 2000 millones de dólares), tras Al Qaeda, cuando antes de las revoluciones era un grupo en minoría frente a Al Qaeda. Y esperemos que el aislamiento de AS a Qatar, socio gasístico de Irán, tras la visita de Trump, no responda a querer hacerle la guerra indirecta a Irán para hacer a América great again, tratando de emular, por tercera vez, la misma política exterior de los Bush, que primero con Kuwait y después con Irak, tan caro estamos aun pagando. Mirado en retrospectiva, no creo que fuera baladí que Obama intentara al mismo tiempo que retirar sus campañas bélicas en estos países, hacer a EE UU autónoma con sus propias fuentes de energía.


Otra cosa es su traslación a Europa. Con los atentados de París en noviembre de 2015 Daesh da un salto cualitativo arrastrando a miles de seguidores, cuando ya asistíamos al final del típico modus operandi de Al Qaeda, células con mayores capacidades logísticas, pasando a algo menos sofisticado, acciones más individuales, más diseminadas pero de menor impacto. Pero mientras los radicalizados de antes pasaban a la comisión de actos terroristas tras un período de radicalización de diez años, en los de ahora ésta surge de forma rápida. En Europa intervienen más factores de política interna de los que pensamos, como la errática gestión de la inmigración durante décadas, guetos sin penetrar las políticas sociales, abandono de las políticas de prevención de la radicalización yihadista con la crisis económica, y por supuesto, hay que ser más combativos con el proselitismo. Lamento que los líderes europeos sigan tan ensimismados en las campañas bélicas exteriores, que no han acabado con este terrorismo y endeudan en muchos sentidos a nuestras sociedades, y sigan sin asumir que la falta de integración y una mejor gestión de las comunidades musulmanas en Europa tienen mucho más que ver con el terrorismo de los nacidos y crecidos en Europa. Este es uno de los principales motivos por los que España lleva más de una década más a salvo de este terrorismo, comparado con el resto de Europa, porque hemos integrado mejor a las comunidades musulmanas. Después de todo esto, el mundo tendría que replantearse, como trató de hacer Obama, el modo de explotación y abastecimiento de las fuentes de energía.

* Consultora en política y seguridad internacionales

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