15 de marzo de 2017
15.03.2017
Tribuna

Mejor imposible

15.03.2017 | 00:49

Mejor imposible es una película con elementos de drama y de comedia negra, dirigida por James L. Brooks, cuya acción se centra en la relación entre tres personajes muy diferentes, que son una mujer condicionada por la salud de su pequeño hijo enfermo, un corrosivo y sarcástico escritor de novelas románticas, y un productor homosexual de tormentoso pasado y difícil presente, relacionado con el mundo del arte y vecino del personaje interpretado por Jack Nicholson, como un tipo de mal genio, huraño y desagradable, que vive acompañado de rituales cotidianos y sufre un desorden obsesivo-compulsivo pero que, a través de las circunstancias y de su relación con los otros dos protagonistas, cambia su actitud ante la vida.

Y es que una actitud positiva puede ayudarnos ante las diferentes experiencias y situaciones cotidianas, pues de todas ellas puede obtenerse un aprendizaje ya que somos nosotros quienes las interpretamos y les ponemos significado, para lo cual hace falta tener una disposición que conlleve energía y optimismo.

Así como la convicción de que no todas las cosas pueden ser como quisiéramos, pero que a través de nuestro pensamiento, podemos enfrentarnos a ellas con un talante más alegre y esperanzador, afrontando las dificultades como nuevos retos, que nos permitirán mejorar en nuestro proceso de crecimiento personal, esforzándonos por enfrentar con talante y entereza todo aquello que nos suceda. E imagino en posesión de una excelente actitud, a ese carismático actor llamado Jack Nicholson, a quien considero dotado de un poderoso talento interpretativo y de un peculiar estilo personal y sentido del humor.

Como también de una brillante y extensa carrera cinematográfica, y de un peculiar estilo expresivo, del que recuerdo su pícara sonrisa y mirada socarrona, que ha quedado reflejada en tantas escenas de la historia del cine, y en títulos inolvidables como El resplandor, Infiltrados o Alguien voló sobre el nido del cuco, en las que ha interpretado a personajes difíciles y potentes, llenos de fuerza y de pasión. Y me divierte leer que Nicholson contesta en una entrevista que uno de los personajes que con más cariño recuerda es el novelista obsesivo y maniático de Mejor imposible, acompañando esa respuesta con un gesto burlón, cuando el periodista le pregunta cómo pudo interpretar tan bien a un personaje tan racista y homofóbico.

Y así, y con ese recuerdo, me preparo para volver a ver una película, de esas que me agradaron especialmente en su momento, como esta deliciosa comedia de magníficas interpretaciones y brillante guión, que para una tarde familiar de fin de semana, se me antoja un plan que, mejor, imposible.

*Médico psicoterapeuta

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