13 de agosto de 2016
13.08.2016
Tribuna

El arte de lo posible

13.08.2016 | 02:45
El arte de lo posible

El señor Putin descubrió en su día una eficaz fórmula para perpetuarse en el poder, mediante el recurso de sortear convenientemente los preceptos constitucionales de su tierra (si no ando errado se trataba del artículo 81 de la Constitución de la Federación Rusa); dado que la aquella Constitución establece que don Vladimir no tenía derecho a presentarse a un tercer y sucesivo mandato presidencial, el antedicho se saco de la manga el truco de apoyar para ese tercer mandato presidencial al señor Medvedev, quien rápidamente nombró primer ministro a don Vladimir y tras el deseado periodo de seguir siendo presidente a la sombra del "oso" (Medvev, tiene ese significado en ruso) volvió en 2012 a acceder de nuevo al cargo de presidente, y acto seguido nombró a Mendevev, a su vez, primer ministro (de bien nacidos es ser agradecidos). De esta forma el nuevo zar, ha llevado a la práctica política la famosa pieza straussiana del perpetum móblile, con su frase final "und so geht es immer weiter".

Ya ven ustedes, el señor Rajoy no es ni tan siquiera original; él se ha inventado el "putinismo" a la española (en esta parte de la geografía, europea conocido con el nombre de "marianismo"), mediante el truco de retorcer lo que dice la Constitución española, en su artículo 99 y lo que establece, en desarrollo de aquel, el reglamento del Congreso, e inventarse una aceptación del encargo del jefe del Estado, como si de un contrato de los de ahora fuera, esto es "a condición de?", con ese "me presentaré a la investidura, aunque puede que no"; de la rueda de prensa del martes no ha quedado clara la dirección intencional del candidato propuesto por el Rey.

Y en este caso del encargo por parte del jefe del Estado, no parece que existan dudas en cuanto a su obligado contenido. El referido artículo 99 de la carta magna, dice exactamente lo siguiente: el candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara. ¿Ven ustedes por algún lado dentro de ese precepto el condicional "si"?; ¿se lee por algún lado que el candidato propuesto deba tener la seguridad de la confianza de la Cámara a la que debe acudir para obtenerla?; no parece que esa sea la lectura de lo que dice y lo que quiere decir nuestra Constitución. Lo que dice la norma es que quien acepte el encargo del jefe del Estado (el candidato propuesto) y que ni tan siquiera tiene que tener el carácter de diputado electo, tiene que acudir al órgano representativo de la soberanía nacional y ante él (no ante otros organismos o partidos) exponer su programa de gobierno y solicitar la confianza de la asamblea; nada menos, pero tampoco nada menos.

Por si no fuera suficiente el artículo 17 del reglamento del Congreso, que lleva como nombre capitular "De la investidura", dice exactamente: "En cumplimiento de las previsiones establecidas en el artículo 99 de la Constitución, y una vez recibida en el Congreso la propuesta de candidato a la presidencia del Gobierno, el presidente de la Cámara convocará el Pleno". Vaya por Dios, tampoco aquí se contempla el condicionante de que para esa obligada convocatoria de aquella asamblea deba antes tenerse la seguridad de que la "solicitable" confianza esté ya otorgada.

Esto es, en esencia y en concreto, a lo que obliga la Constitución española, primero al candidato quien, sin perjuicio de buscar los apoyos que le sean convenientes para asegurarse la confianza de la Cámara, debe, no puede, sino debe acudir a esa Cámara, pues solo ante ella puede solicitar y ser otorgada la confianza que pretende; de no ser así debiera cambiarse el contenido constitucional, y donde pone "De la investidura" debiera plasmarse "De la toma de posesión"; y a la presidencia de la Cámara, le corresponde imperativamente, no potestativamente, convocar el preceptivo Pleno. Me apetece en estos casos recordar esa frase, que también suele utilizar la vicepresidenta en funciones, señora Sáenz de Santamaría, que dice que quien reprende no debe tener reproche; si esa recomendación tiene todavía alguna validez entre nuestra clase política, explíquenme ustedes como le van algunos reprochar a otros su desdén hacia nuestra Constitución cuando ellos mismos hacen otro tanto. Con él, al parecer, retorcimiento interpretativo que se vislumbra, se está dando munición extra a otros que dicen que en la carta magna, a través de su forma de conveniente interpretación de aquella, no se prohíbe un referedum en el que se pida la simple y pura secesión (para evitar susceptibilidades acudiré al diccionario catalán, en el cual se dice que seccessió es separar, especialmente de un Estado o nación, una parte de su pueblo o territorio para constituirse en Estado independiente); por ello, no sería de extrañar que con prontitud lleguen desde Cataluña voces exigiendo a los exigentes de que se cumpla la norma constitucional que antes de exigir tal cosa, cumplan los primeros con esa norma.

Volviendo a la letra de la norma; cierto es que no se establece en ella un plazo para tal obligada convocatoria, sin embargo sería serio y conveniente que algunos recordaran que en el último intento de investidura, el del candidato Sánchez Pérez-Castejón, se requirió, por parte de los que encumbran a este candidato, incluso por escrito, a la presidencia de aquella cámara que ese plazo no fuera superior a veinte días; es obvio que el concepto prisa tiene diversa significación dependiendo de a quien afecte.

Dicen que fue el bueno de Aristóteles quien acuñó la frase de que la política es el arte de los posible; si pudiera le trasmitiría, con el debido respeto a su inmensa figura, que su frase si bien es cierta es incompleta, puesto que también el arte de lo imposible anida en el mundo de la cosa pública. Aquí hemos superado lo que es posible y soñamos con realizar lo que es imposible, que no es otra cosa que llegar a la conclusión que cuando una opción política no consigue que la mayoría de los diputados electos le concedan la confianza a su candidato, la culpa recaiga en exclusiva sobre todos los que no confían en ese candidato y no en los que le han elegido como tal. Y es cierto que esa opción política, que no su candidato, ha sido la elegida por el 33,03%, pero ello solo indica que el otro 66,97% la ha rechazado; en otras palabras el candidato que propone ese 33,03%, no parece ser del gusto del restante 66,97% de la Cámara. Y eso es así y no tiene diferente lectura porcentual.

Dice un proverbio árabe que si un hombre te dice que pareces un camello no le hagas caso pero si dos te lo dicen, entonces mírate al espejo; en España dos de cada tres votantes han dicho que no les gusta este "camello"; ¿no será que por ventura se ha propuesto al candidato equivocado?

*Abogado

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