02 de agosto de 2016
02.08.2016
Tribuna

Repensar la desigualdad

02.08.2016 | 01:36
Repensar la desigualdad

El problema de la desigualdad que centra las preocupaciones de importantes organismos internacionales, agencias de desarrollo y universidades en todo el mundo en los últimos años no es ni mucho menos nuevo. Naciones Unidas, a través de su Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), viene realizando informes específicos sobre desigualdad en diferentes regiones, cambiando así su enfoque tradicional sobre la pobreza, al igual que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que han incorporando esta variable en sus trabajos económicos. Al mismo tiempo, algunos de los mejores académicos mundiales han publicado obras sobresalientes que llaman la atención sobre la importancia del fenómeno de la desigualdad, entre los que destacan autores como Piketty, Stiglitz, Krugman, Sachs, Atkinson, Sen, Wilkinson y Pickett. También en importantes universidades se han creado unidades de investigación aplicada dedicadas específicamente a los fenómenos de la pobreza y la desigualdad, como el "Laboratorio de acción contra la pobreza", J-Pal, que dirige Esther Duflo en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), que ha sido premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento y Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales.

En España, aunque con más modestia, también se viene trabajando sobre este problema, destacando los magníficos informes realizados por diferentes instituciones, entre los que sobresalen los elaborados por la Fundación Foessa para Cáritas desde hace años, junto al trabajo de académicos como Vicenç Navarro, Antón Costas, Víctor Renes o Joaquín Arriola. Recientemente, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, Fedea, uno de los mayores think tank del pensamiento económico en España, se ha incorporado a este debate, promoviendo seminarios y estudios entre los que destaca el que ha publicado el profesor Luis Ayala, el mayor especialista en España en medición y cuantificación de la desigualdad, quien precisamente viene aportando sus investigaciones a los estudios publicados por Foessa desde hace años. El que Fedea se haya sumado a esta discusión incorporando el problema de la desigualdad a sus trabajos, resulta importante para reconocer la necesidad de intervenir con urgencia desde las políticas económicas a llevar a cabo. Otra cosa es cómo hacerlo y qué relevancia le demos a la luz de los perfiles y del impacto que está teniendo en nuestra sociedad, algo que ha entrado de lleno en el debate académico, en línea con otro documento publicado también por Fedea, realizado por los profesores De la Fuente y Onrubia, en el que analizan críticamente algunos de los datos recogidos en el estudio de Ayala, así como sus conclusiones. El debate está servido, y es enriquecedor.

El informe de Ayala trata de demostrar los efectos particularmente regresivos que ha tenido la crisis sobre la desigualdad en la población española, colocándonos como uno de los países europeos con los niveles más altos de iniquidad debido al impacto devastador que el desempleo y la caída de la renta de los hogares han tenido, al tiempo que la capacidad redistributiva de los impuestos y las prestaciones sociales se reducía por las políticas de recortes aplicadas. Este informe también expone un dato llamativo, al señalar que durante la larga etapa de bonanza económica previa a la crisis, en la que los niveles de desempleo alcanzaron las cifras más bajas de las últimas décadas, las tasas de desigualdad apenas cambiaron en España, demostrando así que hay factores estructurales en nuestras políticas económicas, sociales y fiscales que anulan los procesos de transferencia y redistribución de renta, especialmente sobre los sectores más desfavorecidos.

Frente a ello, De la Fuente y Onrubia discrepan respecto a los niveles de desigualdad recogidos en el informe de Ayala, si bien coinciden con él en que el desempleo masivo y de larga duración ha sido la causa principal del aumento de la desigualdad durante la crisis, reclamando la creación de empleo para generar una reducción de la misma en las rentas primarias. Sin embargo, pocas dudas existen de que las reformas laborales y los cambios en el mercado de trabajo han generado el avance de elevados niveles de ultraprecariedad, junto a un retroceso salarial persistente sobre un importante sector de trabajadores que, pese a tener empleo, están en situación de vulnerabilidad por los sueldos tan bajos que perciben. Este escenario ha coincidido con una reducción de los mecanismos redistributivos sobre las rentas más modestas que las rebajas fiscales han acentuado, mediante la disminución o supresión de ayudas, becas y subsidios, la extensión de copagos y la progresiva privatización de servicios. No basta, por tanto, con la simple creación de empleo bajo los patrones actuales de bajos salarios y precariedad si de verdad se quiere que tenga un efecto positivo en la reducción de la desigualdad a largo plazo.

Los análisis económicos y econométricos, por sí solos, no sirven para tomar conciencia de la magnitud de un fenómeno tan poliédrico como es la desigualdad, donde intervienen simultáneamente tantos elementos difíciles de cuantificar bajo las fuentes estadísticas tradicionales. Hasta tal punto que el avance que España ha experimentado durante la crisis en indicadores de privación alarmantes, en los niveles de pobreza infantil, en la cronificación de procesos de exclusión sobre determinados colectivos o en la transmisión intergeneracional de una pobreza que está fuertemente asentada en determinados barrios y territorios, demuestra que el camino hacia la reducción de la pobreza y la desigualdad exige de intervenciones proactivas de los poderes públicos sobre problemas constitucionalmente prioritarios. Y entre ellos destaca la importancia de comprender el papel redistributivo del Estado, reforzando unas políticas sociales públicas seriamente dañadas en estos pasados años, que permitan incorporar a todos esos sectores tan numerosos que la crisis ha ido dejando en la cuneta.

Y frente a ello, es una magnífica noticia que estudiosos, académicos, universidades y centros de investigación sumen energías y conocimiento, repensando entre todos las mejores respuestas para detener e invertir los acusados procesos de desigualdad existentes en España.

* Sociólogo, profesor en el departamento de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alicante

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