15 de julio de 2016
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Tribuna

El arte y la cultura en el Govern del Pacte d'Esquerres

15.07.2016 | 01:50
El arte y la cultura en el Govern del Pacte d'Esquerres

No se entiende. No se entiende que el Govern de izquierda en Balears muestre aún menos sensibilidad por el arte y la cultura que sus antecesores. Tradicionalmente la promoción del arte ha sido una de las principales reivindicaciones en los programas de los partidos progresistas. Más aún, venía siendo un rasgo diferenciador frente a los conservadores.

¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sucedido para que el PSIB y los demás partidos que conforman el Govern hayan relegado a mínimos la política cultural y artística? El panorama es desolador. Quien busque alguna propuesta atractiva se encontrará con un desierto.

El Solleric carece de director (y de dirección) desde hace casi un año. El profesional que haya de reemplazar a la directora anterior se enfrentará a un descrédito máximo. La administración popular prefirió relegar a los candidatos más sólidos que optaron al concurso. Nadie entendió el sinsentido de clausurar el Espai 4. Parecía que sería imposible empeorar la situación del Solleric pero hete aquí que así ha sido. Las últimas muestras organizadas carecen de la calidad mínima exigible y no han despertado ningún interés tan siquiera en el público local. No existe una política de exposiciones mínimamente coherente y el Casal ha dejado de ser el referente artístico y cultural que fue muchos años atrás.

Se impone la implementación de una decisión rápida y seria. El célebre código de las buenas prácticas debe cumplirse con rigor. Quien ocupe la dirección del Solleric debería acreditar no solo conocimiento, sino también capacidad organizativa y administrativa. No tendría sentido repetir el lamentable espectáculo del nombramiento en la Fundació Joan Miró. El Casal está imperiosamente necesitado de una dirección experimentada y contrastada. Si como en episodios anteriores, la comisión se dejase llevar por influencias políticas espurias, el golpe al Solleric sería mortal e insuperable.

Por lo que se refiere a la Llotja, asombra la decisión de cerrarla a los mejores artistas internacionales. El listado de los que expusieron durante el gobierno anterior resulta difícilmente mejorable: Tony Cragg, Jan Fabré, Rebecca Horn, Benardí Roig, Christian Boltansky? ¿Por qué cerrarla? Algún gurú ha argumentado el carácter histórico del recinto. El argumento no puede ser más provinciano. La semana pasada el artista danés Olafur Eliasson inauguró en el Palacio Versalles de París, en el mismo espacio donde antes le precedió Anish Kapoor. Su instalación ocupa ocho piezas del palacio. Por supuesto que a ningún miembro del Gobierno socialista francés se le ha ocurrido criticar que semejantes artistas expongan en la antigua residencia del rey.

Se ha instalado en la izquierda más radical un prejuicio frente a las artes plásticas. Sus militantes objetan contra el dinero que mueve el mercado del arte. Un filósofo ha descrito este fenómeno con una frase lapidaria: "Antes, el arte era un consuelo para el espíritu. Ahora es también una inversión rentable". Sin duda es así; y sin embargo no se entendería que por este motivo, se prive a la ciudadanía de la contemplación del mejor arte.

A mi entender el Partido Socialista debería revisar la decisión de ceder la administración de la cultura a otros partidos con los que gobierna en coalición. El nacionalismo ha mostrado menos sensibilidad para con las disciplinas que, como las artes plásticas, no necesitan utilizar el idioma autóctono en sus manifestaciones. La restricción de la cultura a la tradición o la lengua propias supone una reducción de la universalidad que le es intrínseca. Todavía es motivo de crítica reflexión la muestra de "Artistas murcianos en Nueva York" que el pasado año organizó el gobierno de esa comunidad. Nuestros gobernantes no han acreditado ninguna altitud de miras por encima de los murcianos.

Tal vez no sean los más dóciles pero son tan pocos los políticos ilustrados, que sería de desear que los líderes de los partidos se mostrasen más receptivos a sus aportaciones. Por el contrario, a menudo descubro que han sido desplazados e ignorados.

No necesito explayarme en la importancia del arte para la cultura de la ciudadanía. Tampoco del interés que deberíamos mantener por favorecer algún tipo de turismo cultural. Me duele tener que reconocer que no es Palma sino el alcalde conservador de Málaga quien ha conseguido para esa ciudad el Museo Picasso, el CAC, el Carmen Thyssen o el Centro Pompidou. Finalmente todo es un problema de calidad educativa. Quiero confiar en que, si leen este artículo, nuestros más altos gobernantes (y sus asesores) sepan quiénes son Tony Cragg, Olafur Eliasson o Anish Kapoor.

* Profesor de Derecho constitucional

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