Tribuna

Temporada turística: más planificar y menos prohibir

29.04.2016 | 01:54
Temporada turística: más planificar y menos prohibir

La reciente aparición de las indeseables pintadas contra el turismo en el casco histórico de Palma conmovió a la ciudadanía e hizo resurgir en algunos círculos, pocos, el tan viejo como a veces demagógico debate de qué estamos dispuestos a sacrificar a cambio de los ingresos y ritmo de vida que nos proporcionan, en buena parte, los "incómodos" visitantes.

Estamos empezando una temporada que se califica como una de las mejores de la historia de Balears, en ocupación y turistas. A los pasajeros de avión hay que sumar los cruceristas un sector claramente en auge cuyos paseos grupales por el centro de Palma parecen ser una de las mayores quejas y lo que ha provocado las infaustas pintadas.

Paradójicamente, el suceso se produce justo cuando estamos saliendo de una de las peores crisis económicas de las últimas décadas, que ha abierto una brecha social que se resiste a restañar a pesar de la benevolencia de los vientos. Digamos que desde 2008 hasta anteayer, le hemos visto las orejas al lobo con demasiada virulencia.

Por eso, todos nos hemos puesto a remar para tratar de superar una coyuntura adversa a la que nadie quiere regresar. Y hemos querido hacer la isla más amigable, atractiva y rentable. Este trabajo ingente, de grandes y pequeños empresarios junto a algunas administraciones, sumado a la inestabilidad de la ribera sur del Mediterráneo, ha derivado en una apreciación rotunda de nuestras islas como destinos turísticos mundiales. Mallorca se encuentra en la cúspide de la lista de los mejores lugares de vacaciones. No solo eso. En determinadas zonas, incluso entre nuestros competidores, nos ven como el Silicon Valley del turismo, gracias al sector público que en su momento tomó decisiones valientes y avanzadas, aunque últimamente se haya quedado fuera de juego y también al potente sector privado con los hoteleros a la vanguardia. La gestión de las temporadas, de los tratamientos de aguas, de las comunicaciones terrestres y marítimas, de la sanidad, del medio ambiente, etc., son aspectos dignos de estudio para muchos gestores y políticos de otras áreas geográficas.

Sin embargo, sabemos que falta mucho por hacer. Para esta temporada y las que vienen. Tenemos la marca, ahora hay que saber gestionarla. Hacia adentro (entre nosotros como residentes receptores del turismo) y hacia afuera (hacia los caladeros de nuestros targets de negocio).

Y una de esas asignaturas pendientes, claras, evidentes, es saber ordenar los flujos de los visitantes para mantener las comodidades de los residentes, sobre todo en las zonas de mayor afluencia. Las administraciones (ayuntamientos, Consell, Govern), junto con los sectores empresariales y asociaciones ciudadanas, deberíamos estudiar medidas para propiciar que las llegadas de los visitantes transcurran de la manera más plácida posible. Para ellos y también para los residentes. Actuaciones para que la ciudad mantenga su ritmo vital habitual y los turistas se vayan convencidos de que han estado realmente en una de las mejores ciudades del planeta, si no la mejor. No se trata tanto del cuánto sino del qué y el cómo.

No tiene sentido que se creen cuellos de botella en tramos de tráfico rodado o de paso de peatones. No tiene sentido la falta de una ordenación y, con ello, señalización de la ocupación de la red de aparcamientos en nuestra ciudad, que evite multiplicar la circulación de vehículos en busca de aparcamiento. Los servicios públicos han de trabajar en red y dar información adecuada para equilibrar su uso. ¿No sería lógico instalar en lugares estratégicos de Palma en los accesos a la ciudad y en todos los aparcamientos una señalización instantánea de la ocupación de cada uno para que los vehículos se dirijan directamente adonde hay sitio? ¿No seríamos capaces de ordenar los recorridos de los cruceristas y otros grupos, los lugares de visita y las horas? Y así podríamos seguir con tantas y tantas situaciones. Desde luego lo menos inteligente (en una ciudad smart) es esconder la cabeza como el avestruz o enfrascarnos en debates grandilocuentes de futuro, cuando tenemos a la vuelta de la esquina una temporada de grandes cifras turísticas que si no lo remediamos descubrirá también nuestras grandes vergüenzas.

Supongo que nadie quiere regresar a la economía de la construcción y consumo de territorio en la que hemos vivido. Ni girar hacia industrias contaminantes, ni ocurrencias por el estilo. Estamos saliendo de una crisis devastadora y se está demostrando que se pueden hacer las cosas bien, apostando por un turismo de calidad que empieza a responder. Por tanto no cabe ni la irracionalidad de unas pintadas impresentables y contradictorias (¿cómo podría Mallorca acoger refugiados sin un turismo que nos permita económicamente mantener una sociedad acomodada?) ni, por ejemplo, prohibiciones normativas que retraen abiertamente el turismo de calidad (como, entre otras, la prohibición de campos de golf o de polo).

Nuestro reto, nuestra obligación, es estar a la altura de las circunstancias. La gente nos quiere. Quiere seguir viniendo. Quiere seguir conociendo nuestras islas. Las circunstancias, en estos momentos, nos son favorables. Aprovechémoslas de manera sostenible, trabajando por el hoy con la perspectiva del mañana.

* Presidente de la Cámara de Comercio de Mallorca

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