Tribuna

Activación democrática de los centros de enseñanza

24.03.2016 | 02:36
Activación democrática de los centros de enseñanza

El tercer sector al que hace referencia el Pacte per les Illes da pie a la entrada de asociaciones respetadas con carácter de voluntariedad, si bien, también es puerta de acceso al asociacionismo más extenso por el que de forma deliberada se da acceso a las corrientes ideológicas que quieren tener influencia en la enseñanza. La visión social de las asociaciones y empresas alternativas es valiosa, pero no debería ser una vía para encubrir que hay otro tipo de sectores que quieren incluir una visión propia y dominante que podría repercutir de forma significativa y sin precedentes. ¿Cómo se puede abrir el sector de la enseñanza a la realidad social sin que intervenga el tercer sector extenso?

Manifestar un compromiso con la realidad social requiere valorar la aportación de los docentes exentos de cargas ideológicas; la democratización de los centros de secundaria necesita la renovación de aspectos pedagógicos que estén a la altura de lo que necesitan las nuevas generaciones. Es cierto que el protagonismo de aportaciones externas podría contribuir a aportar sugerencias, siempre que se respeten los límites de la injerencia en la tarea docente, ya que el profesor es un ser social que ya vive de forma activa la realidad.

La forma de negociar un ámbito colectivo en los centros pasaría primero por incorporar medidas de prestigio de la actividad docente, entre las que se encuentran la transparencia que motive la búsqueda de soluciones que sean incorporadas por la vía participativa. La motivación con incentivos del profesor que busque algo más que verse exento de carga lectiva, ante aportaciones que ofrezcan resultados. La formación en terrenos de investigación docente, la existencia de diversidad de itinerarios formativos a través de una financiación abierta como consecuencia del cheque formativo. El incentivar la iniciativa, que lleve a un reconocimiento que sea objeto de valoración abierta en los medios de comunicación, no solo a nivel interno de centro. La apertura de acceso y formación de directivas que se responsabilicen de los resultados, tanto de los logros como de los fracasos, muy concretamente del abandono escolar, así como el facilitar estancias formativas en otros países por las que se expanda la visión de nuevas experiencias que retroalimentan las buenas prácticas en centros nacionales y extranjeros, entre otros.

La incorporación de estas medidas requiere previamente de la urgente activación democrática de los órganos colegiados como son el consell escolar y el claustro. La realidad muestra que la dinámica de los centros está sumida en un agobio sin precedentes, fruto del falso entendimiento del concepto de la autonomía de centros que permite a equipos directivos protagonizar un liderazgo para el que en muchos casos no está suficientemente preparado.

La paralización de los claustros obedece a cierta resignación colectiva, al miedo a una implicación en la toma de decisiones internas, así como al acobardamiento de un sector que se ciñe a ejercer su labor a costa de vivir un cierto grado de represión interna, por el que se favorezca su limitado status quo. Los claustros podrían y deberían ser activados, con sugerencias y medidas de mejora, con una acción de remodelación de la percepción del gobierno propio de un centro, donde el sufragio de la voluntad activa no se vea nunca cuestionado, ni subordinado a ciertos cargos que manejan sus prioridades con falta de asertividad y transparencia comunicativa. Los consells escolars podrían ser bien gestionados, pues son puerta de acceso a los padres,a un tercer sector no ideológico, a los órganos de gobierno y a la incorporación de sugerencias que podrían ser tratadas con libertad en los claustros, de forma que la parálisis actual podría ser superada.

Es una absoluta irresponsabilidad ceder a cargos directivos tanto grado de autonomía sin antes negociar la apertura de los órganos colectivos de los centros, más si abren el acceso a padres y agentes estrictamente vinculados a la realidad del enseñante y del alumno. Valorar que la democratización supone la implicación activa de los profesores, que tienen un caudal de ideas y aportaciones, con los que potenciar el prestigio de la actividad docente, es algo decisivo, más en los tiempos que corren, pues nuestra sociedad ha avanzado sin verse correspondida por la iniciativa propia e interna de los centros de enseñanza.

(*) Profesora y autora del blog laeducacionbajolupa.blogspot.com.es

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