Editorial

El reto de gobernar con mayorías simples

21.12.2015 | 02:31

Al final no ha habido sorpresas, pero sí el vuelco intuido por las impresiones y pronosticado por las encuestas. Las elecciones generales de ayer arrojan un resultado complejo, difícil de administrar en términos prácticos y de estabilidad parlamentaria. Pero este es el mandato de las urnas, el deseo de los electores, y a los partidos políticos no les queda más remedio que actuar en consecuencia y adaptarse a la realidad de la voluntad popular.

El bipartidismo ha quedado extinguido, tanto a nivel nacional como en clave autonómica por lo que respecta a Balears. Pese a seguir siendo los partidos más votados, el PP y el PSOE son las formaciones más damnificadas del resultado electoral de ayer. Los partidos tradicionales pagan el efecto de la crisis económica, pero también de sus propias crisis internas. Queda claro que no han logrado cautivar el interés del millón y medio de electores nuevos y sï lo han hecho las llamadas formaciones emergentes, que de la nada pasan a tener posiciones decididamente relevantes en el Congreso y el Senado. Es el triunfo, sobre todo, de Podemos y de Ciudadanos.

En Balears, el PP sigue siendo la fuerza más votada pero pierde 2 de sus 5 diputados y baja 20 puntos. El PSOE se ve superado por Podemos en número de votos aunque le iguala en 2 escaños. Ciudadanos consigue un diputado y Més no logra su objetivo de entrar en el Congreso. Lo ocurrido en Balears es casi extrapolable a lo desplegado en el conjunto del país. El Congreso de los Diputados tendrá una pluralidad desconocida hasta ahora en la democracia española con la posibilidad, solo teórica, de sumar mayorías absolutas. Las dos alianzas más factibles, PP y Ciudadanos por un lado y PSOE y Podemos por otro, se quedan muy lejos de los 176 votos que suponen la mitad de la Cámara. La suma de partidos nacionalistas o soberanistas, a una tendencia u otra, se hace extremadamente compleja a la vista de cómo ha transcurrido la vida política española en los últimos meses.

En consecuencia, la elección de un presidente de gobierno en primera vuelta se hace compleja, por no decir imposible. A partir de hoy mismo, las fuerzas políticas con mínima capacidad de maniobra en función de la representación parlamentaria obtenida, se ven forzadas a trabajar sobre la base del establecimiento de mayorías simples y pactos puntuales suficientes para formar gobierno. Deben hacerlo a partir del principio de pluralidad y eficacia. De lo contrario, España se verá abocada a unas nuevas elecciones generales en un periodo breve de tiempo, cuestión que en principio no resulta aconsejable a la vista de la encrucijada económica y social en que se halla el país. Es el momento de afrontar los retos y no postergarlos. Ha llegado la hora de plasmar sobre la realidad los nuevos tiempos políticos ampliamente pregonados y sobre los que tanto se ha especulado.

Pese a ser unas elecciones generales, los comicios de ayer tienen, por otra parte, un indudable efecto sobre la política balear y su administración autonómica. La repercusión más inmediata está en el hecho de que Podemos pase a ser la segunda fuerza política de las islas, por encima del PSOE, precisamente del partido que ocupa la presidencia del Govern. Se adivina un incremento de la presión de la formación de Alberto Jarabo sobre el Ejecutivo que sustenta desde el exterior. Pero todo permanecerá, de momento, a expensas de las alianzas que puedan establecerse en Madrid.

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