Editorial

Condenas ejemplares por maltrato animal

25.10.2015 | 01:52

Un mallorquín está en prisión desde el pasado día 9 cumpliendo los 8 meses de cárcel a los que le condenó la titular del juzgado de lo Penal 8 de Palma por haber matado a palos al trotón del que era copropietario, Sorky das Pont. Tal brutalidad ocurrió el 30 de diciembre de 2012 en el hipódromo de Manacor. Es una sentencia pionera en toda España que ha tenido enorme repercusión más allá de las islas y en las redes sociales, del mismo modo que en su día ya la tuvo la información sobre los graves hechos, desvelados en primicia por Diario de Mallorca y que dieron pie a la posterior investigación policial. A la Federación Balear de Trot "se le pasó" denunciarlos.

En el mismo juzgado se ha visto también el caso de un hombre que dejó morir de hambre a su perro en abril de 2013. Ha sido condenado a un año de cárcel. La pena se ejecutará porque, al igual que en el caso anterior, la magistrada ha rechazado que sea conmutada por trabajos en beneficio de la sociedad.
Son hechos que dicen y delatan muchas cosas, del mismo modo que los autos de la juez María Jesús Campos delimitan la gravedad y la responsabilidad personal de los autores sobre lo ocurrido. Resulta incomprensible que una persona pueda ensañarse de esta forma con un animal. Produce un cierto escalofrío interpelarse sobre qué puede llegar a realizar si es capaz de usar el castigo y el sufrimiento contra un noble caballo y un perro fiel.

Por fortuna, está cambiando la sensibilidad y la responsabilidad social en cuanto a la tenencia y cuidado de animales. O, mejor dicho, se están corrigiendo algunos excesos porque, por regla general, la relación entre hombre y animal, sea por ocio o trabajo, ha sido siempre bien avenida. Habrá que reconducir vergüenzas como la que supone el Toro de Vega y otras formas de sufrimiento animal, pero no hace falta remontarse demasiado lejos para recordar que caballos y perros han estado y siguen presentes en la agricultura mallorquina. El hombre siempre se ha ayuda de ellos para procurarse el sustento y el beneficio económico. El trote enganchado es un deporte tradicional en Mallorca, con formas exclusivas, que debe ser preservado incluso como bien cultural. Los escándalos de dopaje y el linchamiento del caballo perdedor que ha llevado a su autor a la cárcel deben delimitarse en el carácter de excepción, lejos de generalizar. Pero también resulta imprescindible tomar las medidas necesarias para evitar barbaridades como las descritas antes. El maltrato animal, en cualquiera de sus formas –y algunas de ellas son muy sutiles– no puede quedar impune. Por fortuna, como se demuestra en las condenas aludidas, ya está ocurriendo así.

La magistrada Campos lo ha dicho claro en uno de sus autos "los animales tienen entidad física y psíquica, sienten dolor y acusan la violencia como cualquier ser vivo". Por tanto, su sufrimiento, sobre todo cuando está deliberadamente provocado, no es justificable. La humanidad y la nobleza de las personas también se acredita con el adecuado trato de respeto y convivencia con los animales. Si el dueño de una cuadra no es capaz de tratar bien a un trotón queda incapacitado para poseerlo del mismo modo que un ciudadano no está en condiciones de disponer del perro que no sabe cuidar. La insensibilidad frente a los animales puede declinar en insensibilidades mayores con las personas. Otra prevención por la que resulta oportuno pedir responsabilidades.

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