Tribuna

Volkswagen, verás que todo es mentira

01.10.2015 | 10:28
Volkswagen, verás que todo es mentira

Un popular proverbio alemán dice "la sopa no se toma tan caliente como se cocina". En estos momentos en que Volkswagen, la empresa líder del mercado automotriz e insignia y orgullo de la industria alemana ha sido descubierta en una estafa colosal, los implicados estarán soplando la sopa para que se enfríe antes de quemarlos.

Hay muchos elementos en este episodio que hacen que tenga especial significado.

Además del posible tsunami para la economía del gigante empresarial que tiene 600.000 trabajadores en 45 fábricas distribuidas en 40 países, y sus consecuencias económicas y sociales que están siendo analizadas por los analistas económicos queda afectada permanentemente su imagen corporativa y esto hace que tenga especiales connotaciones sociales.

Ya está probado y reconocido que la empresa no solo mintió intencionalmente sino que basó su campaña publicitaria en el carácter no contaminante de sus motores que es precisamente el efecto ocultado.

¿Pero que características del psiquismo de los consumidores está comprometida?

Se ha estudiado que en la mayoría de las estafas existe complicidad entre expectativas desmesuradas o creencias del estafado y su aprovechamiento por parte del estafador.

En el caso de Volkswagen, la imagen corporativa se construyó montándose en la ola del imaginario colectivo sobre la idiosincrasia alemana. El perfeccionismo. La industria alemana es precisa, perfecta y los alemanes respetan las leyes. Una mitología que niega lo más esencial de toda actividad mercantil: la ganancia de dinero por sobre cualquier otro valor.

Importante es destacar que Volkswagen no ha hecho nada que no hagan otras empresas. Las tabacaleras lucran envenenando a millones de personas y solo por obligación redujeron su engañosa publicidad e introdujeron la notificación de que el tabaco es mortal. Otro tanto podría decirse de las bebidas alcohólicas o la promoción de la llamada comida basura. Incluso Adam Smith, uno de los popes de la economía afirma en su libre "La riqueza de las naciones" que los empresarios solo se reúnen y alían para subir los precios y conspirar a expensas del público.
Lamentablemente nada de esto es sorprendente y por ello los estados, cuando no son infiltrados, intentan contener, por medios legales la voracidad por el dinero que es el único móvil de cualquier emprendimiento mercantil aunque se disfrace de ecologismo o cualquier otra intención benefactora.

En cambio lo que es más sorprendente son los mecanismos psíquicos que contribuyen a que los engaños sean eficaces.

Aunque diversos investigadores han desarrollado modelos para explicar el funcionamiento psíquico y la toma de decisiones, resulta interesante el estudio del antropólogo y psiquiatra francés Clotaire Rapaille, autor de varios libros sobre antropología cultural y marketing. Pese a que sus afirmaciones son científicamente antiguas tienen un doble interés. Por una parte por las conclusiones sobre la prevalencia de la irracionalidad en la toma de decisiones y por otra porque es un especialista en marketing.

Ha contribuido a campañas de empresas multinacionales como Nestlé o General Motors ayudando a identificar los resortes de la lealtad a las marcas y los profundos mecanismos del consumidor, obviamente para manipularlo mejor.

Su teoría es que cada ser humano tiene 3 cerebros que él llama Reptil, Límbico y Cortex.

El Cortex o corteza cerebral sería la sede de la razón y la lógica, es decir la herramienta que usamos para ver el mundo y que tendría su mayor desarrollo al comienzo de la escolarización.

Por detrás de él se encuentra el cerebro Límbico que aloja las emociones y significados. Y camuflado detrás de los 2 se agazapa el cerebro más primitivo, reptiliano.

Según este autor todos los seres humanos nacen con el cerebro Reptil que se encarga de las funciones básicas de supervivencia. Se trata del centro de los reflejos instintivos.

En las primeras experiencias emocionales de contacto materno se desarrolla el cerebro Límbico que es el centro de las emociones y finalmente el Cortex aloja la capacidad de operaciones lógicas y la comprensión. Rapaille afirma que en la disyuntiva Reptil versus Cortex siempre gana el Reptil.

No importa la realidad ni los números. Finalmente Rapaille llega a lo que lo que Freud ya afirmó hace más de 100 años, que los resortes verdaderos de la toma de decisiones no son los cálculos racionales, y esto lo saben hasta los principiantes del marketing.

En el caso de la estafa alemana uno de los ingredientes de la vulnerabilidad de los consumidores es la necesidad de control y certeza que da origen a la idealización.

En la clínica psicológica detrás de gran parte de los fracasos y decepciones que rodean la psicopatología de la vida amorosa se encuentran estos mismos ingredientes de complicidad entre la idealización de unos y el juego de apariencias de otros.

Que las víctimas de una infidelidad sean las últimas en enterarse se debe mayoritariamente a que sus necesidades emocionales las llevan a traicionar su propia inteligencia negando las evidencias.

Wishful thinking, es una expresión idiomática inglesa que describe el pensamiento que da prevalencia a la ilusiones y lo placentero en detrimento de la deducción lógica y la comprobación. El triunfo de la ilusión sobre la realidad.

Convivir con una cierta dosis de escepticismo y humildad puede ser un tanto frustrante pero nos vuelve menos vulnerables tanto al sistemático intento de manipulación del mercado como a las seducciones engañosas. Es la mejor vacuna contra la decepción y la melancolía que tan gráficamente expresa la célebre y quejosa estrofa del tango de Enrique Santos Discépolo "Yira", "...verás que todo es mentira, verás que nada es amor..."

* Psicólogo clínico

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