Tribuna

Verano e infidelidad

06.08.2015 | 09:50
Verano e infidelidad

El verano, según estadísticas de agencias de detectives especializadas en infidelidades trae aparejado un aumento de las cifras de infidelidad, y los matrimonios constituidos en esta estación tienen un mayor porcentaje de infidelidades y fracasos. Varios trabajos de investigación ofrecen datos diferenciales entre hombres y mujeres así como explicaciones sobre las causas. Cabe destacar que aunque hay una mayoría clara en hombres infieles el diferencial es decreciente.

Lo cierto es que más allá de las variaciones estacionales o de género el fenómeno de la infidelidad es una realidad y como suele ocurrir actualmente con todos los hábitos de conducta de la población, internet es un fiel reflejo. "La vida es corta, ten una aventura". Es el slogan de la web de citas Ashley Madison especializada en infidelidades. Hace pocos años que se instaló en España y ya tiene un millón de usuarios.

La estrategia de marketing fue explosiva y exitosa. Se manejó al limite de la legalidad y el escándalo, contratando espacios de publicidad en los portales más visitados de España. La campaña en que aparecen las fotos del en su día rey Juan Carlos I, Bill Clinton y el príncipe Carlos de Inglaterra les valió denuncias que no hicieron más que aumentar su cosecha. Este escurridizo fenómeno es tan importante que ha generado múltiples investigaciones y ensayos.

Pamela Druckerman, periodista del Wall Street Journal trabajando como corresponsal extranjera del periódico en diversos destinos de Europa, Oriente Medio y América Latina comprobó reiteradamente como hombres casados intentaban ligar habitualmente con ella algo que para una estadounidense, una de las sociedades menos tolerantes con la infidelidad, resultaba chocante. Esta experiencia la plasmó en su libro Lust In Translation: The Rules Of Infidelity from Tokyo to Tennessee (Penguin, 2008). Ignoro si es intencional la similitud con la maravillosa película de Sofía Coppola estrenada en el año 2003 con el título original Lost in Traslation, que versa sobre los dolorosos límites de la infidelidad.

La existencia de la infidelidad aparece reflejada en los textos de historia y en la literatura universal. La popular expresión llevar cuernos según algunas versiones de origen nórdico la utilizó el genial Molière, como porter des cornes en su obra La escuela de las mujeres para burlarse de aquel a quien su pareja le ha sido infiel. Es innegable que no es un comportamiento marginal ni infrecuente. Por ello es objeto de estudio e investigación por parte de juristas, como causal de divorcio, de antropólogos sociales, como revelador de las estructuras morales de cada cultura, de biólogos que estudian los patrones instintivos y la utilidad evolutiva de la monogamia y por los psicólogos clínicos por su asociación a los conflictos de pareja y a desórdenes psicológicos individuales.

Lo cierto es que solo la banalización de lo escandaloso y reprimido, permiten presentar la infidelidad como un hecho único de significado homogéneo, generalmente para criminalizarla y condenarla. Sin embargo en la intimidad de las consultas psicológicas se revela como un fenómeno complejo con causas diversas. No es exagerado afirmar que hay tantos tipos de infidelidad como parejas en las que acontece. Incluso a lo largo de la historia de una pareja pueden variar radicalmente los significados, motivos e implicaciones.

En rigor lo que está en juego en una infidelidad apenas si es consciente para quienes ponen o llevan, los consabidos cuernos. Dado que un análisis exhaustivo excede el horizonte de un breve artículo merecería, al menos, destacarse una de las cuestiones más profundas y trascendentes que están en juego para el infiel. Es ni más ni menos que su identidad. Como le hace decir Cervantes al sensato y sabio Sancho Panza del Quijote. "Dime con quien andas y decirte he quien eres".

El hecho de que la imagen que se tiene de uno mismo es solidaria a lo que los demás reflejan, la infidelidad suele producirse por un fallo en la integración de lo que se es y se desea, eso torna insatisfactoria a la pareja y es el disparador del intento de completarlo con otra unión clandestina. Por lo tanto la infidelidad representa un intento de enmendar una carencia con un parche por imposibilidad de optar entre la disolución de la relación o el esfuerzo por mejorarla. La eficacia de este intento está limitada por dos motivos. El primero es que al igual que si se usara bastón en lugar de rehabilitación, la falta de expectativas en la pareja "oficial" profundiza la deficiencia. El segundo problema es que la mayor de las veces dos no hacen uno y en la búsqueda de la plenitud solo se consigue la precariedad de lo clandestino, el padecimiento de la culpa y, en caso de descubrirse, el escarnio y los reproches. Es innegable que, como dice el slogan de Ashley Madison, la vida es corta, pero lo que no dice es que además puede ser incómoda.

* Psicólogo clínico

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