Las siete esquinas

Imágenes del incendio

01.07.2014 | 06:30
Imágenes del incendio
Imágenes del incendio

Una empresa turca de electrodomésticos, Beko, se va a convertir en uno de los patrocinadores más importantes del Barça. Hace treinta años nadie se habría creído que una empresa turca pudiera ser uno de los grandes patrocinadores del fútbol mundial. Turquía era un país atrasado del que sólo llegaban malas noticias, casi siempre relacionadas con las cárceles y las drogas, como aquella película un tanto truculenta que se llamaba Midnight Express. El escritor Orhan Pamuk, que nació en Estambul, contaba que su ciudad natal sólo le recordaba los experimentos fracasados y la amargura de haber nacido en un sitio en el que nada parecía salir nunca bien. Cada dos por tres los periódicos publicaban las mismas cartas al director que nadie leía, en las que un ciudadano asqueado „y resignado„ denunciaba que los niños robaban el plomo de las mezquitas porque no tenían otra forma de comer. Y Pamuk también contaba que cada vez que había un incendio en uno de los viejos edificios de madera de la parte antigua de la ciudad, él y sus amigos se metían en un coche, se iban a un muelle que daba al Bósforo y se ponían a mirar las llamas, mientras escuchaban en un casete a los Creedence Clearwater Revival. Es curioso, porque mis amigos y yo hacíamos algo muy parecido en el muelle de poniente de Palma, sólo que aquí no había incendio alguno que ver, y lo único que mirábamos era el agua oscura y las luces del otro lado de la bahía, soñando tal vez con perdernos algún día por una ciudad como Estambul y no volver jamás (aún no habíamos visto Midnight Express). Cosas de jóvenes.

Pero ahora las cosas han cambiado tanto que una empresa turca de electrodomésticos puede patrocinar al Barça, mientras que las pocas empresas de electrodomésticos españolas que quedan en pie tendrían „imagino„ grandes dificultades para hacerlo. No sé qué fue de las marcas que existían cuando yo era niño „recuerdo muchas: Aspes, Otsein, Edesa, Candy„, pero hace siglos que no he vuelto a oír hablar de ellas. Y que yo sepa, sólo Balay y Fagor siguen funcionando, aunque no creo que estén en condiciones de patrocinar a un club como el Barça.

Balay sigue emitiendo anuncios, cosa que me alegra, pero Fagor tuvo dificultades serias y no sé si llegó a quebrar, aunque sí sé que tuvo que despedir a una buena parte de la plantilla. Son noticias a las que antes no les prestábamos importancia, pero que ahora sabemos interpretar con todo lo que hay detrás, porque eso significa más familias en situación precaria, más vidas destrozadas y más cartas al director con quejas y protestas que nadie leerá.

Éste es el mundo que se desmorona lentamente: un mundo de fábricas que duraban muchos años, de marcas que todos conocíamos y que se fabricaban muy cerca de donde vivíamos, y de objetos que uno se acostumbraba a que le acompañasen durante media vida, o incluso más de media vida en algunos casos. Pero todo esto ha cambiado en sólo quince o veinte años, y un país que antes sólo producía amargura y frustración, y en el que los niños tenían que robar las placas de plomo de las mezquitas, tiene ahora una multinacional que puede patrocinar orgullosamente al Barça. Esto es la globalización: un fenómeno económico que nos cuesta mucho asimilar, porque está poniendo en peligro nuestro modelo de sociedad que una vez fue próspera y que ahora ya no sabemos si podrá seguir siéndolo. Y a la vez que nosotros vivimos en un país que se va empobreciendo día a día, otros países con los que nadie contaba están empezando a producir lo que a nosotros ya no nos resulta rentable producir. Cosas como los electrodomésticos, por ejemplo.

Y ahora nos toca a nosotros sentir la ira y la frustración que sentían los turcos como Orhan Pamuk hace treinta o cuarenta años. Y también tenemos que soportar a un gobierno abúlico y despistado, que parece empeñado en defender unos privilegios escandalosos y que además se ha aficionado a dispararse en el pie con cada nueva medida que toma. Y si queremos diversión, sólo nos queda mirar las ruinas de nuestro propio incendio, desde un coche detenido en un muelle, escuchando una música que nos haga soñar con una vida mejor en algún otro sitio.

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