El inaceptable desempleo español

28.05.2013 | 06:30
El inaceptable desempleo español
El inaceptable desempleo español

Los síntomas de malestar frente a las descabelladas políticas económicas europeas, que están teniendo efectos demoledores sobre nuestros modelos de bienestar, se van volviendo explosivos. Los problemas suburbiales, que incendiaron Francia en 2005 „con Sarkozy en el Ministerio del Interior„, y que llegaron a Londres en 2011, actualmente están alcanzando a las barriadas periféricas de Estocolmo, en la patria del insigne modelo sueco, venido a menos tras siete años de gobierno de centro-derecha, con cuatro grandes bajadas de impuestos incluidas. En nuestro país, la calle está tranquila de momento, y ni siquiera las protestas traspasan los umbrales de la paz pública (los escraches, por ejemplo, se han llevado a cabo con irreprochable contención), aunque la gran desafección política que acreditan las encuestas da idea de que existe una exasperación creciente, que podría estallar si no se hace nada ante el agravamiento de la coyuntura: de los 6,2 millones de parados, cada vez hay más que no perciben retribución alguna, y es cada día mayor el número de hogares con todos sus miembros desempleados.

La zona euro ha superado ya los dieciocho meses en recesión, y nada indica que estemos cerca de poner los medios para salir del pozo: ni se reconoce error alguno en las cancillerías ni en las instituciones europeas, ni se aplican por tanto correcciones adecuadas, ni siquiera se reconoce que pueda haber otras vías de avance distintas de la inflexible ortodoxia que nos ha traído hasta aquí y nos ciega todos los caminos. En el concreto caso español, estamos en el tercer ciclo consecutivo en treinta años en que el desempleo ha sobrepasado la barrera del 20% de la población activa, por lo que, además de padecer la ineficiencia europea „el desempleo promedio de la eurozona era del 12,1% en abril„, tenemos aquí un problema crónico que se agrava con las crisis pero que no cesa en los períodos de bonanza. En consecuencia, no sólo estamos en manos de las políticas comunitarias, como se nos dice: también tenemos que resolver problemas particulares, que son específicos de nuestro país.
Frente a la endémica incapacidad española para lograr tasas de desempleo aceptables, un grupo de economistas, articulado en torno a Fedea, está dando desde hace tiempo „en torno a 2010„ la batalla a favor del llamado contrato único. Lo explicaban así una vez más este domingo dos de los más conocidos representantes de este grupo, Jesús Fernández-Villaverde y Luis Garicano, catedráticos de la Universidad de Pensilvania y de la London School of Economics respectivamente: "se trata de eliminar casi todos los contratos temporales (excepto el de interinidad) y a partir de ahora considerar un contrato único para todas las nuevas contrataciones. Este contrato tendría indemnizaciones crecientes de despido por año trabajado [?] De esta manera se eliminarían los muros brutales entre los fijos y los temporales y se sustituirían por una suave rampa hasta la estabilidad".

Pocas propuestas han merecido en este país un rechazo más frontal que el que ha obtenido la de Fedea. PP, PSOE, sindicatos y patronal podían haber firmado un solemne pacto de Estado en contra de la medida. Y sin embargo, las recetas de los partidos y las organizaciones sociales, de una complejidad inextricable, han dado el resultado que hemos experimentado hasta hoy. ¿No valdría la pena dar una oportunidad a los expertos que enuncian una propuesta que no chirría cuando se la examina con criterios de simple sentido común?

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