JOSÉ JAUME
La implosión del sistema bipartidista instaurado en la Transición está precipitándose: el PP ha entrado en una fase de desgaste, porque la crisis es capaz de erosionar al partido más sólido. El PP lo es: ha resistido hasta ahora toda clase de galernas; conoce que sus respaldos electorales menguan más acusadamente de lo que pregonan las encuestas. La suya es una erosión que no tiene perspectivas de corregirse. El PP seguirá siendo un partido potente, pero se va a dejar un notable porcentaje de apoyo. Lo malo para el sistema instaurado tras la muerte del general Franco, es que la otra cara de la moneda, el PSOE, no es que esté perdiendo apoyos aceleradamente, sino que se ha desplomado; nada augura que pueda recuperarse. Las próximas elecciones, las gallegas y vascas, previstas para el año que viene, en el caso de que no se adelanten, probarán la verdad de la tesis: el bipartidismo en España es historia y la implosión del sistema hace imprevisible saber qué es lo que está por venir. Ello no quiere decir que PP y PSOE vayan a desaparecer, pero sí que van a tener que acomodarse a pactos. Tal vez el mapa político español del futuro, se asemeje al que priva en Asturias.
No es la misma la situación en Balears, porque aquí el bipartidismo no ha existido con la misma fuerza que en la península (Cataluña y País Vasco son otra realidad, en la que ciertamente es llamativa la enorme resistencia de CiU y PNV), ya que el PSOE balear, este siempre desnortado partido, que tiene como siglas las de PSIB, jamás ha sido una alternativa al PP. Ahora, a pesar de todo lo que acontece, lo que se está viendo es que la debilidad socialista en la oposición es infinitamente más flagrante que la que está exhibiendo el gobernante PP. En Mallorca, y lo mismo parece suceder en las otras islas, el partido socialista ha entrado en una trayectoria de autoaniquilación francamente sorprendente. Cuesta entender las razones por las que la dirigencia socialista lleva décadas queriendo ser lo que nunca ha sido y obteniendo sonoros fracasos electorales. Cuando ha gobernado, lo ha hecho teniendo que recurrir al respaldo de más de dos partidos, con inestables coaliciones, tanto por su flanco derecho como por el izquierdo. Además, quienes han encabezado las fórmulas multipartidistas han exhibido una lamentable carencia de fuste político. El resultado ha sido que se han desaprovechado estruendosamente las oportunidades, hasta concluir con el último y apoteósico fiasco, del que no se van a poder recuperar; la marca del partido está tan desacreditada que, para salir nuevamente al mercado, el reciclaje ha de ser integral; lo que, sin excepciones, pasa por la desaparición de todos los de la etapa precedente.
No hay duda: quienes no han querido dejar de controlar el naufragado barco, harán lo imposible para evitar que sea reflotado; para que vuelva a navegar, primero hay que arrojarlos a todos ellos por la borda: son peso muerto y su inutilidad es palmaria. Es la gran baza que sigue en poder del PP, que también aquí está soportando un desgaste, en todo momento atenuado por la incapacidad socialista de presentar una contrapartida. El resultado es que en las islas, el reacomodo que se atisba, incidirá menos en el campo de la derecha, donde los populares podrán mantener la hegemonía, disminuida, pero apreciable, que en el universo de la izquierda, en el que el socialismo se ha condenado a una lenta extinción. Es llamativa la capacidad de hacer el ridículo que albergan quienes dirigen al Partido Socialista, porque no puede ser que no se enteren que tanto en el Parlament como en los medios de comunicación sus críticas al PP carecen de efecto en la calle: no resultan creíbles. Las encuestas son muy tajantes al constatar su incapacidad por avanzar una mínima recuperación. Con tal de seguir, aceptan el papel de simples comparsas sin incidencia. Puede que a pesar de todo todavía no hayan tocado fondo.
Conocer cuál será la composición del Congreso de los Diputados y la del Parlament después de las próximas elecciones queda lejos; las de los parlamentos gallego y vasco están casi doblando la esquina. Que se tienten la ropa tanto PP como PSOE.