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HEMEROTECA » |
JOAN HUGUET
Si Plutarco tuviera que escribir las vidas paralelas entre Sócrates y Pastor, seguro que llegaría a la conclusión que Pastor no es Sócrates, y por tanto que nadie espere que tome la cicuta de su inmolación de forma voluntaria. Para más detalles les recomiendo que lean algunos episodios de las Vidas paralelas, de Plutarco. Así las cosas, vayamos al grano.
Que Toni Pastor ha roto la disciplina de grupo en la votación del pasado martes, referida a la modificación de la Ley de la Función Pública, y como consecuencia de ésta de la Ley de Normalización Lingüística, es verdad. Que ha desobedecido las órdenes dadas por la portavoz del grupo parlamentario popular en el Parlament balear, es verdad. Que no ha seguido las directrices del partido, por lo que respecta a las modificaciones antes apuntadas, es verdad. Que a raíz de su conducta se le aplica de forma implacable sanciones previstas en los estatutos del partido, es verdad. Que estas sanciones pueden derivar en que la conducta del señor Pastor tenga la consideración de falta muy grave, falta grave y/o falta leve, es verdad. Que quien puede proponer la sanción a aplicar es el presidente regional del partido, el comité ejecutivos y/o el comité regional de derechos y garantías, es verdad. Que quien autoriza la medida cautelar de suspensión de militancia y funciones, solicitado por el comité de derechos y garantías regional, es el presidente y/o secretario general de dicho órgano a nivel nacional, es verdad. Que aplicada esta medida, se debe iniciar el expediente disciplinario con todas las garantías de defensa para el implicado, prevista en los estatutos del partido, es verdad.
También es verdad que Pere Rotger criticó públicamente la decisión del presidente Aznar en relación a la guerra de Irak, y apoyó una moción en contra de la misma en el ayuntamiento de Inca que él presidía, y nadie le aplicó sanción alguna prevista en los estatutos del partido, ni se abrió expediente. También es verdad, y tampoco tuvo consecuencias disciplinarias, que Carlos Delgado hizo pública una carta de crítica abierta a la entonces presidente del partido Rosa Estarás, y al propio Mariano Rajoy, e incluso llevó al partido a los tribunales bajo la acusación de actuar de forma sectaria y tramposa en el proceso precongresual. También es verdad que los actores materiales y los inspiradores del golpe de poder interno que costó la presidencia a Tòfol Soler no fueron merecedores de expediente o sanción alguna. Tampoco se actuó contra Joan Marí Tur, que votó contra la investidura de Jaume Matas, ni contra Mª Lluisa Cava de Llano, que en Congreso de los Diputados votó contra la decisión del grupo parlamentario en relación a la reforma del Estatut; ni contra Miguel Ramis, que criticaba abiertamente la gestión de Rosa Estarás, llegando a organizar cenas "conspiratorias" en lugares de la part forana de Mallorca. Tampoco se actuó contra Carlos Cañellas, que aprovechaba los martes de pleno para criticar la política de Jaume Matas, diciendo que "más que un presidente parecía un vendedor de la 5ª planta del Corte Inglés". Ni contra Joan Huguet, "un servidor", que se ha mostrado contrario a la modificación de la Ley de Normalización Lingüística si ésta no se hacía por consenso, tal como ocurrió en 1986. Ni contra Vicente Tur, actual presidente del Consell Insular de Eivissa que, previo a la votación del pasado martes, decretaba que "todas las plazas públicas a cubrir en el Consell Insular de Eivissa tienen la consideración de relación directa con el ciudadano", con lo cual el catalán propio de las Balears, en la institución que él preside, seguirá siendo "requisito" para acceder a ella. Y así un largo etcétera, porque se quiera o no, en más de una ocasión se ha vulnerado la letra de lo prescrito en los estatutos del partido. Cosa distinta es cuando entramos a valorar el espíritu de la norma.
Los que tenemos "memoria histórica" del partido, pues 30 años de militancia activa dan para mucho, y más si se es un obseso del archivo y vida del partido de forma documentada, como es mi caso, sabemos que la medida adoptada contra Pastor puede ser legal en aplicación de la letra de la norma; pero totalmente atípica y desproporcionada vistos los antecedentes del partido y desde "la jurisprudencia de la costumbre" aplicada a casos similares e incluso más graves. El voto de Pastor no ha influido para nada en el resultado final de la votación, y por tanto no se ha puesto en peligro el fondo de la decisión tomada ni su resultado, lo cual hace como mínimo dudoso que en base a las consecuencias del voto se le pueda aplicar la medida de dejarlo fuera del grupo parlamentario popular y del grupo municipal de Manacor que él preside, privándole del derecho de "pertenencia" al grupo parlamentario y municipal y al partido, sin haberse iniciado aún la fase de instrucción del expediente disciplinario. Es en esta fase en la que los estatutos prevén que el "imputado" tiene el derecho de audiencia previa, contradicción y defensa. De no ser así, se conculcaría un derecho fundamental, no sólo previsto en los estatutos del partido sino también en la Constitución española, en su artículo 24. Castigarlo a priori con una condena, que en todo caso debería ser tomada al concluir el expediente, cuando menos es de dudosa legalidad y al final de proceso podría resultar nula de pleno derecho; no así la suspensión cautelar de militancia y de funciones, que no implica más que eso "suspensión cautelar" y no pérdida de militancia ni de pertenencia.
Si todo lo dicho hasta aquí es verdad, y es verdad, sólo cabe una última aseveración: por prudencia, por justicia, por equidad en casos precedentes y por equilibrio de las partes, no se puede ni se debe actuar con precipitación y sin tener claro cuáles pueden ser las consecuencias de nuestros actos y sus efectos colaterales. A no ser que se quiera dar un aviso a todos los cargos públicos y militantes del partido de que en Balears, la famosa frase de Alfonso Guerra "quien se mueve no sale en la foto", ha pasado de ser una afirmación retórica a convertirse en seña de identidad del actual Partido Popular de Balears.
Así las cosas, y en aras a evitar, como decíamos antes, daños colaterales que lleguen a ser infinitamente superiores al mero hecho de dejar "fuera de combate" a Toni Pastor en el seno del Partido Popular, creo humildemente que lo sensato, lo prudente y lo conveniente, en el caso Pastor, es agotar todas las vías de diálogo entre las partes y reconducir la situación, si es que aún estamos a tiempo, a un estado de normalidad y paz interna, buscando siempre una solución digna, sin vencedores ni vencidos, en donde el "interés general" de partido prevalezca sobre filias y fobias de unos contra otros, porque éstas, las filias y fobias, siempre son malas consejeras.
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