MATÍAS VALLÉS
Sostiene Antich en Eivissa que una imputación por corrupción "no es un obstáculo" para figurar en las listas del PSOE. Se le sobreentiende que los turbios manejos con dineros públicos pueden incluso constituir un honor, que catapulte a los militantes socialistas a posiciones más descollantes en las candidaturas. De hecho, el imputado Xico Tarrés ocupará el número uno al consell ibicenco. Como es un progresista moderado, el presidente del Govern añade que las "medidas cautelares" son su único preservativo para excluir a un colega. No aclaró su posición respecto a los delitos violentos, tal vez dependa de los litros de sangre derramados.
La ética de rebajas de Antich armoniza con la "imputación light", esgrimida por un alcalde conservador ibicenco para seguir en el cargo. Vista la cirugía que aplica José Ramón Bauzá, el PSOE será menos exigente frente al envilecimiento de la política que el PP, al que ya le dimiten hasta los no imputados y cuyo presidente siente tal repudio por los comportamientos corruptos que se niega a entrar en el actual Parlament. El Govern sustituye el pus de la corrupción por el plus de la corrupción. Antich se enorgullece de los militantes de su partido que tienen el gesto valeroso de corromperse en bien de la sociedad, con la habilidad de zafarse de las siempre onerosas medidas cautelares.
Antich reconforta a los presuntos corruptos, al asumir una concepción heroica de su labor que contagia a los ciudadanos. Dan ganas de ser imputado. A falta de saber si el discurso del president está guiado por comportamientos de su propio Govern –tras la detención de dos consellers y de un número indeterminado de altos cargos, cualquier precaución es poca–, su encendido homenaje a las imputaciones quiere blindar a Tarrés. Sería más lógico retirarlo preventivamente, y encomendarle después el Consorcio de Rehabilitación de la Playa de Ibiza. Antich ha dejado para una próxima intervención su defensa de Eugenio Hidalgo, protomártir de los excesos en la persecución de la corrupción.