JOSÉ FCO. CONRADO DE VILLALONGA
Leo en Diario de Mallorca del 2 de septiembre un artículo con un llamativo enunciado "Letizia nos trae la tercera república" firmado por José Jaume, en él hace una serie de afirmaciones, algunas irrelevantes, –"guerra fría entre las infantas"... "el enfrentamiento existente en la Familia Real anida el germen de la tercera república"–, sobre las que no tengo nada que decir y otras de más calado que sí merecen, a mi juicio, algunas consideraciones, por ejemplo: "Una parte de la derecha no soporta a la mujer del príncipe"..., "la tercera república ha de venir de la mano de la derecha despechada y conspiradora", dice el articulista.
La monarquía es algo más que conjeturas, dimes, diretes, simpatías o antipatías, incluso debe de estar por encima de la persona que la encarne y de su familia directa e incluso de sus familiares políticos. Es cierto que el monarca, don Juan Carlos ha ejercido su función de la jefatura del Estado de forma ejemplar, por lo tanto no es extraño que los españoles sean "juancarlistas" y también es cierto que estos 35 años de reinado nos han permitido comprender las ventajas de la institución. Nunca el país ha progresado tanto en libertad y en ningún otro periodo histórico ha funcionado tan bien el sistema democrático (independientemente del mal uso que se puede haber hecho del sistema, por algunos y en algún momento). Los detractores de la institución dicen que no se justifica en pleno siglo XXI pero yo creo que sí y por una razón muy simple, por su eficacia ¿Cuándo hemos podido disfrutar de un desarrollo social y económico como en estas tres últimas décadas? Los que opinan de forma diferente dicen que todo el mundo ha colaborado en este éxito, partidos políticos, de centro, de derechas, de izquierdas, nacionalistas y hasta los que se llaman republicanos (y como su nombre indica (sic) son monárquicos), empresarios, sindicatos, etc., cierto, pero no se podrá negar que todo ello ha sido presidido por la institución monárquica, que ha moderado, ha dado estabilidad y ha aportado neutralidad al juego democrático. Por ello podríamos convenir que con independencia de afectos o desafectos personales al monarca y a su familia, la solución adoptada en la Constitución se ha demostrado útil.
Pensemos, por un momento, en un escenario distinto. Un presidente de la república, sin duda tendría una adscripción partidista, fuera de los partidos políticos es imposible ejercer hoy en política. Difícilmente sería aceptado por todos, tendría muchas dificultades a la hora de ejercer la función arbitral propia de la jefatura del Estado. España es una nación compleja, –no es Francia–, tenemos 17 comunidades autónomas, cada una "de su padre y de su madre". Seamos realistas: ¿qué tenemos que ver unos con otros?, ¿un vasco con un extremeño?, ¿un catalán y un madrileño?, ¿un mallorquín y un andaluz? Parece incuestionable que lo que nos ha permitido tirar adelante y con éxito, ha sido no solo la madurez de los ciudadanos sino también la propia monarquía parlamentaria.
Estoy convencido de que la derecha, mejor el centro derecha sociólogo no piensa en aventuras republicanas, ni ningún partido político se ha cuestionado, hasta ahora, la forma del Estado, es más, en la medida en que las autonomías vayan gestionando más competencias y nos acerquemos a un estado federal, como Alemania, EE UU, etc., más importante será la institución monárquica. Será la clarividente solución de la España de Fernando e Isabel y de los austrias, diferentes reinos unidos bajo la corona. Ortega y Gasset en La rebelión de las masas dice que la monarquía en Inglaterra ejerce una función de alta eficacia, la de "simbolizar", pues en España también..., simboliza la unidad. No entiendo a los que sostienen que en "teoría" es mejor la república que la monarquía, pues en política lo mejor es lo más útil para el país y frente a teorías abstractas fijémonos en experiencias históricas. En consecuencia si bien es importante que quien ostente la corona ejerza su función con dignidad y acierto, lo más inteligente es que seamos pragmáticos y reconozcamos su utilidad.