ANTONIO TARABINI
Los políticos son como los niños. Comienzan su curso, político y escolar, a mitad de septiembre. Pero hay una diferencia relevante: mientras los escolares reanudan su actividad con cierta calma e ilusión descubriendo su nueva aula, profesores y compañeros, los políticos regresan a sus mismos pupitres, con los mismos compañeros y adversarios, con asignaturas pendientes, un tanto resabiados y con actitud de repetidores de curso. Pero, además, este comienzo de curso político viene marcado por una próxima reválida, las elecciones autonómicas y locales, dentro de nueve meses, en mayo de 2011. Dícese, aunque no siempre sea cierto, que el resultado final suele ser reflejo de los comportamientos y la gestión que han ido desarrollando y acumulando durante su trayectoria, los cuatro años de legislatura, en el gobierno y/o en la oposición de las distintas administraciones públicas.
Muchos ciudadanos, los que mediante nuestro voto aprobaremos a unos y suspenderemos a otros, ya tenemos una opinión formada. Pero, también es cierto y comprobable un índice relevante de personas indecisas en su intención de voto, que, dependiendo de si se reactivan (votan) o se instalan en la abstención, son las que pueden decidir las mayorías. En cualquier caso, el último año suele ser decisivo. ¿Cuáles son las tareas básicas que deben desarrollar y gestionar durante los meses previos al gran parto (faltan nueve meses) de las elecciones?
Básicamente el diseño, proyecto y, en su caso, aprobación de los presupuestos que van a regir las diversas administraciones (Govern, consells, ayuntamientos). El debate y contenido de los presupuestos es probablemente la decisión política más relevante del año. En definitiva es donde y cuando se decide a que se destinan los dineros públicos, que, no se olvide, proceden de los bolsillos de los ciudadanos. Pero los presupuestos 2011 son especialmente decisivos. Vivimos una situación de crisis socioeconómica que nos obliga a unos presupuestos rigurosos y a una reducción de gasto, ya sea por disminución de ingresos y por urgencia de disminuir el déficit público. Tal situación obliga a seleccionar con atención qué inversiones y servicios deben priorizarse, a costa de la disminución de otros, en relación a mantener políticas activas que coadyuven a una mejor y más rápida "salida" de la crisis, así como también desarrollando políticas de índole social orientadas a personas y colectivos que sufren situaciones de riesgos importantes de exclusión.
Pero, al no existir en las administraciones públicas más relevantes (Govern, Ayuntamiento de Palma y Consell) gobiernos de mayoría, será preciso pactar tales presupuestos con la oposición formada por el PP y UM. Como es lógico los proyectos de Presupuestos deben presentarlos los que ostentan el gobierno. Siempre, pero ahora más al estar en minoría, deberán no sólo cuantificar sino también justificar la reducción, en torno al 7%, en los diversos epígrafes de gasto corriente, inversiones etc. Al mismo tiempo cuantificar y justificar la elección de inversiones y gastos por consellerias y regidurías.
El peligro es convertir el debate presupuestario en un show, dominado por las descalificaciones y la confusión. Las minorías gobernantes sin duda deberán ceder en algunas de sus propuestas. La oposición puede y debe analizar el proyecto, hacer propuestas alternativas y de mejora e incluso proponer unos presupuestos alternativos. Pero también desde la oposición resultaría inexplicable que su táctica de desgaste radical de los actuales gobiernos, intentando demostrar su incapacidad de gobernar, consistiera simplemente en imposibilitar unos presupuestos 2011, lo que podría conducir a una simple prórroga de los existentes que no son adecuados para hacer a la situación de crisis.
Es un hecho que la campaña preelectoral ya ha comenzado, y que no es el momento más propicio para buscar y encontrar consensos. Pero, aunque quizás sea pedir peras al olmo, no podemos comenzar el debate a cara de perro rabioso. La situación requiere finezza y responsabilidad política tanto en los que gobiernan en minoría como en los que ejercen la oposición. Los riesgos son evidentes, y los paganos podemos ser los ciudadanos.