PILAR GARCÉS
El presidente del Gobierno no se va este año de vacaciones: se piensa a quedar recluido todo el mes en el Palacio de la Moncloa analizando datos económicos. Menudo panorama. No sé si lo hace sólo para darnos pena, pero yo se lo digo de corazón: ZP, hombre, descansa, relájate. Podemos vivir sin ti. Desconecta. Reiníciate y recarga tus baterías. Pierde tu valioso tiempo. Trasnocha, que en la tele sólo dan reposiciones. Es justo y necesario para cualquier ser humano, incluido un político de tu talla. Que luego llegará noviembre y estarás hecho unos zorros, y no sabrás cómo reaccionar ante los problemas de gran magnitud del país. Con el semestre tan malo que has tenido, presidiendo Europa y todo lo demás, te mereces dedicarte un poco a ti mismo y a la vagancia. Y por ende en agosto nadie te va a coger el teléfono, y te vas a hartar de recibir en tu despacho a deportistas de élite victoriosos, y más aún te vas a deprimir, por comparación. Aburrido como una ostra, sólo se te van a ocurrir ideas tóxicas e ideas nefandas, como suprimir ministerios, recortar las pensiones a los jubilados y perder las próximas elecciones. Y te vas a cabrear cuando quieras compartirlas por teléfono con algún vicepresidente y te dé que está apagado o fuera de cobertura. Y tu propia familia, Sonsoles y las chicas, te va a preguntar, no qué pueden hacer ellas por España, sino qué puede hacer España por ellas, jo; es que con este calor, a España que le den.
ZP no acierta. Primero rebaja el turismo al grado de actividad de tercera división, muy por debajo de la industria envasadora de verduras, y ahora se niega a practicarlo. Se supone que el verano ha de servir para veranear, lo dice la palabra. Para olvidar por un momento nuestras cuitas y tirar la casa del consumo por la ventana, y pedir unas aceitunas con la caña para que los camareros de chiringuito también lleguen a fin de mes, y adquirir un par de camisetas exageradas de esas que sólo te puedes poner en vacaciones porque tienes la autoestima alta. Si todos nos quedamos en nuestra casa y no alquilamos velomares, ni cenamos en una terraza, ni hacemos cola para ver un monumento, ni nos vamos a un hotel, septiembre va a traer unos números que ni Elena Salgado después de practicar su sesión de yoga a 42 grados centígrados va a poder digerir.
Menudo ejemplo. ¿Qué dice de todo esto la ministra de Salud, Trinidad Jiménez? ¿Resulta cardiosaludable y psicológicamente recomendable prescindir del recreo estival? Porque si renunciamos en masa a nuestras vacaciones siguiendo la estela de ZP van a venir el señor Gerardo Díaz Ferrán y sus socios de las patronales y nos van a dar un gigantesco aplauso. Y van a considerar el mes de descanso laboral un concepto arcaico y trasnochado en relación a la teoría económica moderna, y a borrarlo de los convenios. Si el Presidente puede, todos podemos. Y yo creo que no podemos. Así que ZP, date un respiro. Ponte al sol y a la brisa, que estás ofreciendo la pinta del alumno que lo ha suspendido todo y ha de recuperar en septiembre y se queda castigado sin salir, sesteando de mala gana encima de los libros. Y no aprovecha el tiempo, sino todo lo contrario.