ANTONIO TARABINI
La última vez que lo ví fue hace unos tres meses en la Avda. Jaume III. Lo primero que me dijo fue: "no me preguntes por mi estado de salud". Y continúamos charlando, mientras caminámos juntos un tramo, sobre nuestra realidad política y social siempre aliñado con su sibilino sentido de humor. Me llamó la atención, que conociendo su estado de salud, me recordó un proyecto del que habíamos hablado hacía meses: organizar un seminario en Palma orientado a reflexionar, con participantes significativos europeos y españoles, sobre cual debería ser el papel de la socialdemocracia en una sociedad en crisis.
Conozco a Félix desde nuestros años mozos. Ambos fuimos alumnos de Montesión, aunque él fuera un año y medio más joven. Allá en 1956-57, con nuestros 16 años, compartimos con Andrés Ferret nuestros primeros pinitos en la lectura. Recuerdo nuestro primer buceo conjunto en Ortega y Gasset, estimulados por un jesuita llamado García-Nieto.
Años después continuamos en relación a través de su padre, al que Félix admiraba profundamente, hombre de profundas raíces democristianas que le condujo a un exilio temporal por haber participado en el denominado "contubernio de Munich". Nos seguimos encontrando en diversas instancias antifranquistas, donde no siempre coincidíamos en nuestras opiniones, él desde el PSOE (donde ingresó con dificultades por considerarlo de influencia democristiana) y yo desde un contexto ideológico marxista.
Pudo ser el primer president de nuestra autonomía, si no hubiera sido por la presión del poder económico que forzó el acuerdo Cañellas-Jerónimo Albertí. Fue ministro y presidente del Congreso de Diputados. Nos seguimos viendo de modo discontinúo. Siempre recordaré el comentario de un socialista muy relevante ubicado en el ala izquierda del PSOE:"Félix Pons es una persona de fiar, coherente, y leal".
Félix se nos ha ido. En una sociedad convulsa como la que vivimos, donde la política y los políticos no pasan por sus mejores momentos, nos queda el Félix Pons Irazazábal leal y coherente, además de buena persona y con su peculiar sentido del humor.