ANTONIO TARABINI
Todos nos llenamos la boca afirmando que las pequeñas y medianas empresas son la columna vertebral donde se apoya nuestra estructura económica y social. Sin duda es cierto. Tal como puede verse en el último número de Quaderns Gadeso, las microempresas (menos de nueve trabajadores) representan el 94,9 por ciento de todas las empresas existentes en Baleares. Pero hay más, un 52,2 por ciento no tienen ningún asalariado (autónomos) y un 27,4 por ciento de uno a dos. La primera consecuencia es que la estructura básica de empleo se soporta sobre la pequeña empresa.
Pero hay más. La existencia activa de una red de pequeñas y medianas empresas forma parte esencial del tejido urbano y social. Si queremos mantener vivos los núcleos urbanos, es básico potenciar la vitalidad de las pimes, a no ser que optemos por un modelo de vivir y convivir donde los centros urbanos sean "lugares" de trabajo, vivamos (¡sin convivir!) en los entornos, y consumamos en los macro-centros comerciales, de servicios y de ocio, exteriores a la red urbana.
Pero a la hora de la verdad, y con excesiva frecuencia, tales reconocimientos se quedan en simples buenas palabras. Valga como ejemplo la tan cacareada Reforma Laboral, que poco tiene que ver con la problemática de las pimes. Los Sindicatos y la CEOE piensan siempre en clave "gran empresa". Según parece la madre de todas las batallas es reducir el despido a un máximo de 33 días en lugar de 45, así como agilizar sus posibles causas. No digo que el asunto no sea relevante, pero no debería ser el único. Una reforma laboral no puede reducirse al coste del despido. Su objetivo es concretar un mercado laboral activo que apueste por la estabilidad empresarial y laboral, fundamentada en la gestión competitiva de la empresa y la profesionalidad de sus empleados. Ello supone, entre otros factores, unas formas ágiles de contratación. Los contratos en formación y en prácticas son básicos para las pimes, que no implican necesariamente precariedad
Otra urgencia es la cualificación profesional de las pequeñas y medianas empresas (empresarios y trabajadores), lo que implica diseñar unos módulos específicos (no sólo en la FP, sino también en la formación no reglada) relacionados con las diversas tipologías de nuestro tejido productivo. Otro tema relevante y espinoso es la inclusión en un mismo convenio colectivo de los trabajadores de hostelería y los de restauración, cuando sus modos de trabajo son distintos. Podríamos seguir.
La crisis afecta a todo nuestro tejido productivo, y a todos sus agentes (empresarios y trabajadores), pero sin duda afecta más las pimes. En primer lugar, porque determinadas pequeñas y medianas empresas son subsidiarias de sectores en crisis (vgr. Construcción). En segundo lugar, porque determinados subsectores requieren una reconversión profunda (vgr. oferta complementaria en determinadas zonas turísticas). En tercer lugar, porque vivimos una recesión del consumo. Y en último lugar, por la dificultad (¡por no decir imposibilidad!) de acceso a créditos a la inversión, modernización y circulante. Los principales problemas de los pequeños y medianos empresarios/as, sin olvidar su problemática específica en la temática de la reforma laboral, son su tesorería, su financiación a medio plazo, la morosidad…
Expuestas las difíciles circunstancias en las que debe convivir la pequeña y mediana empresa, no podemos limitarnos a la simple queja o a la resignación. Es imprescindible su modernización, así como su adaptación a las nuevas demandas de los consumidores y de los usuarios de los servicios Tal esfuerzo por la modernización supone, ante todo, la voluntad y capacidad del propio empresario, pero también la comprensión de que, además del esfuerzo individual, es imprescindible el sumar esfuerzos. Nos guste o no, difícilmente existen soluciones individuales a la crisis que soportamos. De ahí la importancia de las agrupaciones empresariales, cuyo objetivo es representar, proponer y revindicar los intereses de las pequeñas y medianas empresas ante las diversas administraciones. Es imprescindible exigir la presencia activa de la patronal representativa de las pequeñas y medianas empresas en todos y cada uno de los organismos de participación y decisión orientados a la imprescindible reactivación de nuestra economía. La tarea no es fácil, pero es imprescindible.