ANTONIO PAPELL
La empresa de sondeos dirigida por el sociólogo Julián Santamaría publicó el domingo una encuesta de opinión para La Vanguardia sobre las próximas elecciones regionales, que, como muy tarde, se deben celebrar en otoño. Y la primera lectura de la encuesta es simple: CiU sube espectacularmente en las preferencias del electorado catalán hasta bordear la mayoría absoluta (pasaría de los 46 escaños actuales a 65-67) en tanto el Tripartito se hunde: el PSC bajaría de 37 escaños a 32-33 y ERC, con menos del 8% de los votos, perdería la mitad de su representación actual, pasando de 21 diputados a 11-12; tan sólo ICV-EUiA mantendría el tipo y conservaría probablemente sus 12 escaños actuales. El PP, por su parte, no variaría sensiblemente su actual representación (14 escaños) y Ciutadans desaparecería del mapa. La solvencia del electorado catalán ofrece además otros resultados tranquilizadores: ni Reagrupament, del escindido Carretero (ex ERC), ni su hipotética alianza con el barcelonista Laporta, tendrían oportunidad de estar en el futuro Parlament, en el que tampoco encuentra sitio Rosa Díez.
Lo más manifiesto de estas tendencias es la voluntad de cambio de los catalanes, hartos de un tripartito que, además de haber dejado en el aire el destino de un Estatuto de Autonomía controvertido y controvertible, ha sido muy mediocre a la hora de gestionar la comunidad. El desastre de Gerona de estos días, prueba de grave ineficacia pero también de sectarismo (no persistiría el apagón si se hubiera construido a tiempo la línea de Muy Alta Tensión que ligase la red eléctrica catalana a Francia), ha sido el estrambote de un mal soneto gubernativo. Montilla se salva en parte de la quema (su valoración es notablemente superior a la de su gobierno) pero ya no puede competir con Artur Mas, quien inspira más confianza que aquél para sacar a Cataluña de la crisis y es preferido por la mitad de los catalanes como futuro presidente de la Generalitat frente a los tres de cada diez que optan por Montilla. Es muy significativo que la mitad de los votantes de ERC y más de la cuarta parte de los del PSC están incluidos en esa mayoría que apuesta por Mas. El análisis de la voluntad de cambio es todavía más espectacular: la mitad de los votantes del PSC, el 74% de los de ERC y el 61% de los de ICV consideran mucho o bastante necesaria la mudanza.
Las elecciones catalanas de este año serán el punto de partida de un proceso que culminará en las elecciones generales del 2012 pasando por las municipales y autonómicas de mayo del 2011 y, como señala Santamaría, la contigüidad entre todas ellas hará que se interrelacionen entre sí, aunque en el caso de Cataluña el comportamiento electoral es muy distinto según cuál sea la consulta. Tiempo habrá de analizar las demás fases del proceso; ahora sólo resta dejar constancia de que si CiU forma efectivamente gobierno en Cataluña, es muy probable que se afiance una alianza CiU-PSOE en el Parlamento español, que podría tener efectos muy positivos en la lucha contra la crisis económica en todo el Estado. Este elemento de juicio contará sin duda en la decisión de los electores.