ANTONIO TARABINI
El título no es neutral. Aunque sea absolutamente necesaria, no me refiero sólo a la posible recuperación de nuestra economía. Incluyo como elemento básico la repercusión en la sociedad, en sus ciudadanos, de los beneficios del repunte económico. Por ello me refiero a nuestra recuperación socioeconómica, y no únicamente a la económica. Dicho lo cual, ¿comienzan a insinuarse brotes verdes en nuestra comunidad?
No cabe duda que el turismo, no sólo la hostelería, es el motor de nuestra economía. De regreso de la ITB de Berlín, los distintos actores parecen estar prudentemente optimistas sobre la recuperación del mercado alemán, lo que posibilitaría gozar en la temporada turística 2010 de unas cifras de ocupación mejores que el desastroso año anterior. Bienvenidas esas buenas sensaciones si se confirman, sin olvidar también como elemento básico los precios de contratación.
Pero, tal como dijo la consellera del ramo, Joana Barceló, no podemos olvidar ni obviar que sigue pendiente la asignatura de afrontar un cambio urgente en nuestra actual oferta turística escasamente competitiva, especialmente frente a la aparición de nuevos destinos turísticos. Nuestros productos turísticos –Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera– sin duda son conocidos en los principales mercados turísticos, pero no cabe duda que hemos perdido competitividad. Se trata de destinos turísticos maduros que exigen una mayor diversificación de sus productos, y también una reconversión profunda de determinadas zonas turísticas que afecte a todos los factores incluidos en su oferta (desde una remodelación urbanística a la denominada oferta complementaria, pasando por los alojamientos turísticos). Sin olvidar el día a día, emprender tales reconversiones y mejoras de nuestra oferta es la mejor promoción turística. Ello exige consenso y compromiso de la iniciativa privada (¡no sólo hoteleros¡) y las distintas administraciones públicas. Refiriéndonos a la Playa de Palma, la administración central y el Govern ya han comprometido para este ejercicio 120 millones de euros para mejoras estructurales de la zona. Dado que tales actuaciones con dineros públicos, procedentes de los bolsillos de todos los ciudadanos, van a producir plusvalías y valores añadidos, ¿cuál es el compromiso de la iniciativa privada?
Que la actividad económica turística se reactive en la venidera temporada alta no significa que automáticamente repercuta en creación de empleo masivo y en reactivación de la oferta complementaria. Pero cuanto menos no debería significar no abordar en toda su crudeza la situación. Como aviso a navegantes no debería caerse en la tentación de aumentar la carga de trabajo a los fijos discontinuos que se irán incorporando, reduciendo la contratación de otros trabajadores. Tampoco debería continuarse con la contratación de trabajadores de fuera de nuestra comunidad (incluyendo personas del este europeo) simplemente porque sus costes son inferiores. Tampoco debería abusarse del "todo incluído" que mata la oferta complementaria exterior al alojamiento. Tampoco hacer uso y abuso de la economía sumergida para la prestación de determinados servicios. Tampoco paso por alto la necesidad de una mayor cualificación personal y profesional de los trabajadores, aunque resulte difícil exigírsela si la temporalidad y precariedad sigue siendo ley y norma.
A su vez la oferta complementaria (entre otras, la restauración y comercio turístico) necesita urgentemente una remodelación en profundidad. Es conocida la restricción crediticia de las entidades financieras respecto a las pimes, aunque parece que el ICO e ISBA han inaugurado unas nuevas líneas de crédito más asequibles y eficaces.
Podríamos continuar. Bienvenidas sean las buenas noticias de la ITB de Berlín, pero no son suficientes para reconvertir nuestro sistema productivo en competitivo, ni tampoco para la creación de un empleo estable, ni una reactivación del tejido empresarial del subsector de alojamientos y otras empresas complementarias o subsidiarias. No caigamos en la fácil tentación de creer que ya comenzamos a superar la crisis y que, por tanto, podemos recuperar el chip que hace años nos fue útil, pero que hoy y sobretodo mañana es absolutamente inútil y perverso.