SEBASTIÀ VERD
La vicepresidenta primera del Parlament, Aina Rado, se dirigió ayer al público que llenaba el hemiciclo de la cámara legislativa –representantes de la sociedad civil y de la política, en perfecta armonía– calificando la situación actual de excepcional. En efecto, lo era o, mejor dicho, lo es, porque si excepcional era que el discurso conmemorativo del veintisiete aniversario de la Autonomía no lo pronunciara la presidenta o presidente, como todos los anteriores, más raro será acostumbrarse a la ausencia de Maria Antònia Munar de la política balear. No se puede decir que haya dejado un hueco irreemplazable, porque ayer nadie la echó en falta, pero sí que hay un antes y habrá un después de su dimisión. En su discurso, Rado habló insistentemente de recuperar la confianza de los ciudadanos y de diálogo para defender el interés general y superar las disputas partidistas.
Por la mañana el president Antich fue entrevistado en la SER y reiteró la idea de mano extendida al PP y a UM, una mano que, de momento, no parece que el PP esté dispuesto a estrechar (como dejó claro desde Madrid, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal ), lo que, de seguir así, precipitaría la convocatoria de elecciones anticipadas. Sin embargo, antes de que esto ocurra, tanto el PP como UM deberán celebrar sus cónclaves. El PP su congreso, el próximo sábado, para elegir presidente y reconducir un partido que sigue lastrado por la huida de Jaume Matas, quien, por cierto, está en plena cuenta atrás para su próxima comparecencia ante el juez. No parece que el PP vaya a cambiar de estrategia, pero por lo menos habrá clarificado sus posiciones internas y se conocerá hasta qué punto será capaz de ejercer la autocrítica y librarse de las sospechas de corrupción que penden sobre su reciente pasado.
Una rectificación que, noqueados por la decisión de Munar de dejar la política y centrar la atención en su defensa ante los juzgados, ya ha llegado a UM. O eso cabe suponer, tras el anuncio de convocar un congreso de refundación para dentro de dos meses. Un congreso en el que no sólo se discutirá el liderazgo sino que, sobre todo, se tratará de limpiar la imagen tras los escándalos de corrupción en los que estaría implicada la cúpula del partido en la pasada legislatura y algunos de los altos cargos que UM ha tenido en ésta. No lo tendrá fácil, pero es la única opción y así parece haberlo entendido. Con la forzada salida de la política de su presidenta de honor ya no cabe duda sobre las razones políticas que tuvo Antich para romper el pacto de centro izquierda y, por eso mismo, debería desaparecer en UM cualquier tentación de moción de censura o de venganza contra sus ex socios.
Sin embargo, que UM deba acudir a un congreso de refundación –en el que incluso podría cambiar o modificar siglas– demuestra la difícil situación interna de un partido en el que la disciplina no está en absoluto garantizada. Los hechos que han desencadenado el último episodio tendrían mucho que ver con la última campaña electoral que UM hizo en Palma, pero, precisamente, no parece que sea la agrupación de Ciutat la más propensa al punto y aparte. Eso es precisamente lo que necesita UM y, en realidad, toda la política balear. Ya sin Maria Antònia Munar, poner un punto y aparte. Y hacer caso a lo que ayer se dijo en el Parlament. ¿Es eso posible?