RAMÓN AGUILÓ
Lo ha dicho el cuarto presidente –por ahora– de UM en dos años, Josep Melià Ques, hijo de Josep Melià Pericàs, el antiguo procurador en Cortes del tardofranquismo, el ideólogo del moderno mallorquinismo político, el autor de Els mallorquins, el secretario de Estado de Suárez, el controvertido amigo de la prensa sensacionalista, el fracasado profeta de su tierra, el inteligente y culto y buen escritor y excelente periodista y extraordinario crítico de arte, el abogado con estrechas relaciones en el mundo institucional, el hombre humanamente complejo, contradictorio y lúcido que, a la par de su ambición personal, aportó a esta tierra ambición política, voluntad de poder, pasión por la construcción de un civilizado ser colectivo, lo que los catalanes denominan "un homenot": que UM es un partido nacionalista, centrista y liberal. Son las declaraciones de un joven político, diputado autonómico, adscrito hasta ahora a la corriente crítica de este partido, que carece por el momento de un perfil político nítido conocido, más allá de la densa e hipertrófica imagen proyectada por su progenitor, lo cual, para empezar, es buen pedigrí si se confirma que "els tests s´assemblen a les olles", aunque puede dificultarle la traslación al público de una personalidad con rasgos propios.
En cuanto a la corriente crítica en la que figura enmarcado, no constan sino unas vagas referencias a una supuesta autenticidad nacionalista, que desconozco en qué pudiera consistir más allá de la atribución a la anterior cúpula de un nacionalismo impostado, cuestión imposible de dirimir pues el juicio de intenciones pertenece más al ámbito de la psicología que de la política, cuyo material sensible son los hechos. Respecto a la adjetivación centrista y liberal, no recuerdo sino una pretendida propensión al pacto con la izquierda en determinados momentos de cuestionamiento de las relaciones con el PP. Respecto a la estela de la presencia institucional de UM, más allá del clientelismo mostrado con ayuntamientos con alcalde propio o el de la contratación de afiliados en EMAYA que pagamos religiosamente de nuestros impuestos, las fiestas con "coca de trempó", "ensaïmades" y "ball de bot", lo que se puede entender como la gran obra institucional de UM: una innecesaria Televisión de Mallorca cuyo sostén financiero acababa en los bolsillos de la cúpula dirigente; un reparto de millonarias subvenciones a entidades montadas por afiliados; la gestión corrupta del urbanismo insular, uno de cuyos flecos –los solares de Cala Llamp del, según el hotelero Moll, reclamante de sobornos Antonio Garau– ha sido noticia con motivo de los ¿últimos? cargos contra Vicens; el escándalo de Can Domenge, cromo intercambiado con los competidores del PP en el saqueo de las instituciones públicas; el enriquecimiento de los que figuran en las galerías de retratos de las instituciones por el tráfico de influencias que supuso la recalificación urbanística de Son Oms; de todo esto no recuerdo ningún comentario crítico de Melià, más allá del retórico de la presunción de inocencia en defensa de sus compañeros chiquilicuatreros. Por cierto, idéntico al de Barceló en su última aparición ante la prensa con motivo de la presencia de Munar en el juzgado, que añadió: "Nada que comentar, igual que cualquier otro político, todos iguales ante la ley". Que se imputara a Antich por corrupción sería, por lo visto, igual que si se imputara a un concejal de Escorca. Vivir para ver.
Recién elegido, ya suenan los tambores de un congreso extraordinario. Ni Munar ni Nadal, adversarios encamados por pura supervivencia, están, al parecer, dispuestos a aceptar un nuevo rumbo de un partido que no ha querido representar adecuadamente las legítimas aspiraciones de una parte del electorado de Mallorca, huérfano de un referente político capaz de aunar mallorquinismo con transparencia y honradez. Las de UM han sido siglas secuestradas por una élite corrupta que las ha conducido al descrédito y que se ha situado a sí misma a las puertas de la cárcel. Parece que Melià y otros compañeros de partido están al margen de este núcleo. Por eso y por la necesidad de representación del mallorquinismo moderado cabe desearles suerte en el cambio que puedan imprimirle a su partido. Su primera prueba de fuego: Nadal y el código ético. La alternancia, que realiza la democracia, quizá dependa de su éxito.