CARLOS CABEZA (*)
Nuestro vocabulario es amplio en vocablos para nombrar a los jóvenes que ya cumplieron los 16 años. Evocar sus circunstancias, sus modales o la carencia de ellos, su extracción social o incluso su situación educativa y laboral tienen reflejo en nuestro argot cotidiano, al igual que ellos son reflejo de la familia que les cría y la sociedad que los conforma. La palabra nini, se la autoaplican con guasa esos jóvenes que abandonaron sus estudios prematuramente, seducidos por el dinero fácil que les proporcionaba un boom económico, ávido de mano de obra poco cualificada.
Ayudar a su familia o independizarse económicamente de ella, comprar ropa de marca, pagar copas, tener una cajetilla de tabaco americano mostrando poderío en los vaqueros de última moda, pasear a las chicas en vehículo de dos o cuatro ruedas les confería el poder de deslumbrar, de seducir y seducirse a golpe de consumismo, y ya no era cuestión de esperar cinco años lo que se podía conseguir en cinco minutos. Cinco minutos, sólo cinco minutos era el tiempo que tardaban los tutores en extender la autorización necesaria para poder trabajar legalmente a partir de los 16 años. Cinco minutos, para convertir a un adolescente en hombre, para incrementar el fracaso escolar hasta el 30% y subir la tasa de empleo a límites casi europeos, a caballo del boom de la construcción.
Ante el gran milagro económico, sacaron pecho presidentes como Aznar y Zapatero, ministros y alcaldes de todos los colores evidenciaron su parecido y no quisieron tan siquiera pensar que aquel crecimiento ilimitado tendría un final escabroso. El ilegal juego de la pirámide, lo jugaba el país entero, con su administración ávida de recursos a la cabeza, dinero fácil para gastar unos en discotecas, otros en comprar pisos, unos en motos ruidosas y chupas de skay, otros en confortables rancheras tapizadas de piel auténtica, y si todo aquello no bastaba, ningún problema, se transgredían las normas porque existía la velocidad; los canutos y las pastillas para unos y para otros, la corrupción urbanística, los grandes dispendios e incluso la coca.
Hasta que un día la confianza se quebró y se paró la economía, de forma tan violenta como grande fue el exceso. El joven cayó en la gran trampa que la sociedad había urdido a su alrededor y, como siempre ocurre, el más débil fue la gran víctima; ahora ya ni estudia ni trabaja , ahora se autodefine como un nini, que engrosará las listas del paro hasta que vuelva a crearse empleo, pero que mucho empleo, para que sea capaz de absorber la mano de obra tan extensa y poco cualificada como la que él representa. El nini cree que esto será dentro de unos meses, quizás un año, como le cuentan los socialistas que mandan, y esperan sin rebelarse, aunque haya ha agotado su paro. Ya ni tan siquiera busca empleo, ahora vive de sus padres como aconsejo el propio Gobierno por boca de un secretario (que para eso tienen unas pensiones), duerme mucho, merodea por parques a cualquier hora y corteja sin mayor pretensión. Los ninis son ávidos televidentes de la sexta o la cuatro, que les seguirán mostrando un mundo irreal y con esperanzas zapateriles que nunca se cumplirán, ajenos por completo a las estadísticas que indican que España, por su estructura económica, solo crea empleo a partir de un crecimiento del 3% del PIB. Los ninis tampoco han leído el último estudio del CRE, organismo de sa Nostra y la universidad publicado el jueves 5 de noviembre, que señala que hace un año el PIB balear era de +1,4% y pasados 12 meses es del -1,4%, ósea que ha caído en 2,8% en doce meses. Tampoco saben que, según esos estudios, del 2002 (+0,4% PIB) al 2007 (+2,7% PIB) Balears solo creció un 2,3% en seis años. Más grave aún, nuestro PIB sigue y seguirá cayendo, como reconoce incluso el Govern, hasta el -2,9% a fin de este año.
Evidentemente no es nada raro que extrapolando, los empresarios más empleadores de España digan que no volverán a incrementar el empleo en 20 años, y para entonces nuestros ninis habrán cumplido ya los cuarenta, y ya no serán los ninis, sino los "nanas" o sea los ná de ná.
(*) Economista y miembro
de la Coordinadora Territorial
de UPyD Balears