ANTONIO PIZÁ
La palabra "ayuntamiento" significa indistintamente "corporación que administra el municipio, y casa consistorial" y "acto sexual". Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, que en eso del sentido de las palabras es la primea autoridad y lo sabe todo. Las polisemias pueden dar pie al equívoco y curiosamente "lengua" es también una polisemia, que por cierto al admirado Camilo José Cela le ocasionó un jocoso percance. Cuenta él, que en cierta ocasión una espléndida mocita le preguntó: "¿Y usted a qué se dedica señor Cela?". "Soy académico de la Lengua, señorita". Oído lo cual, la susodicha le arreó un solemne bofetón. Habitualmente cuando decimos ayuntamiento es en la primera acepción, incluso cuando enfadado por una multa, o una tasa, o una lesiva gestión algún paisano pueda hablar del "jodido" ayuntamiento, se trata obviamente de un exabrupto sin connotaciones sexuales. Posiblemente el carril bici de la alcaldesa Calvo haya propiciado muchísimos de esos arrebatos metafóricamente sexuales sin connotación libidinosa. Es como cuando conjugamos el verbo "emprenyar" sin aludir a la gestación de la especie. Por lo demás, con el dichoso carril bici Cort se ha adelantado a la demanda popular, lo cual es decididamente insólito en el comportamiento de las administraciones públicas. Tal que en el improbable caso de que algún día a los palmesanos y palmesanas nos dé por emular a los holandeses, o a los chinos mayormente, eso que tendremos adelantado. Dado, en fin, que con una misma palabra puedes designar tanto la casa consistorial como el acto sexual, podría ocasionar que cuando alguna esposa celosa y mosqueada preguntara al tarambana del marido: "¿De dónde vienes tú a estas horas?", el susodicho le contestara, "del ayuntamiento, querida, vengo del ayuntamiento". Sin faltar a la verdad, no quepa duda.
El caso es que hace pocos días los periódicos informaban de que "un psicólogo velará contra los casos de acoso sexual en el Ayuntamiento" y que los trabajadores contarán con un protocolo para prevenir y actuar frente a este problema, referida dicha cuestión al nuestro, al de Palma, ja ho val! Acoso sexual es cuando un plasta da la vara a otro –u otra– intentando mojar. Actividad o comportamiento que se supone tan antiguo como la fecundación a partir de dos seres vivos, y que suele incidir especialmente en colectivos o convivencias con miembros en situación de dependencia. Mala cosa es el acoso sexual entre iguales, pero es particularmente odioso si media algún grado de subordinación, mayormente laboral, por parte de la acosada o acosado. Hombre, no es por ponerme tiquismiquis, pero como ciudadano y contribuyente me choca que tengamos que pagarle a Cort un psicólogo para prevenir o poner coto a la testosterona descontrolada. Aparte de que el referido protocolo suponga la dedicación de varios funcionarios de plantilla, en horario laboral, caso de producirse dicho atropello, que de haberlos, háylos. Un problema que afectó al consistorio palmesano "hace bastantes años", según la sindicalista Catalina Cortada. En tiempos de nuestra cutre posguerra, eso se arreglaba suministrando bromuro hasta en la sopa a los diversos colectivos, producto de eficacia no contrastada pero en cualquier caso barato y sin efectos secundarios. En la actualidad tengo una amiga funcionaria que ahuyentó a un colega rijoso con un "¡yo no me escoñé haciendo oposiciones para que me sobe un tonto!", pronunciado lo suficientemente alto como para hacerlo enrojecer. Que yo sepa, aunque por supuesto puedo estar equivocado, no hay otra institución pública en Balears con eso que se va a montar Cort. Complicado protocolo que contempla dos vías posibles de procedimiento, que pasarían por: escrito ante el psicólogo, fase negociadora y, en caso negativo, escrito a Recursos Humanos, elaboración confidencial de informe, con alternativa a pase a un Comité de Investigación y Arbitral, dicho sea tan farragoso trajín en síntesis para no aburrir.
A mi modesto e indocumentado parecer, tras un primer y único intento infructuoso, ahí está la vía judicial para lo que afortunadamente está tipificado penalmente como delito. Lo contrario, qué queréis, suena a enredar y dar largas al acosador. O sea al tonto que soba.