PEDRO VILLALAR
Es bien sabido que "la economía es, ante todo, un estado de ánimo". O, dicho en otras palabras, el comportamiento de los agentes económicos y sociales afecta decisivamente a la situación económica, tanto a través de la demanda como de la generación de decisiones significativas. Viene esto a cuento de un inadmisible diagnóstico que lanzó el jueves la vicepresidenta económica, Elena Salgado, quien, en declaraciones a una cadena de radio, auguró que el próximo año será "peor" que 2009 desde el punto de vista del empleo, aunque subrayando que "lo peor" de la crisis ha pasado en términos macroeconómicos. En suma, la ministra estimó que en la primera parte de 2010 el número de personas sin empleo seguirá creciendo, eso sí, de forma "más moderada", si bien recalcando que "en todo lo demás será el inicio de la recuperación". Es muy probable que el diagnóstico sea tristemente certero porque nuestro sistema económico no comienza a generar empleo hasta que crecimiento supera el 2% interanual. Sin embargo, éste es uno de los pronósticos que nunca debe realizar un ministro de Economía, que en todo caso ha de confiar en que sus propias recetas positivas –reformas en el sistema de relaciones laborales, políticas activas, reducción de la inmigración, etc.– aceleren los procesos macroeconómicos y acaben obrando el prodigio.