ANTONIO TARABINI
La consellera de Trabajo y portavoz del Govern, Joana Barceló, afirma que una de sus preocupaciones es que la crisis económica se está convirtiendo en crisis social. Dicho en román paladino, lo que comenzó con un crack financiero, que continuó con una profunda recesión en la economía productiva, se ha consolidado en una gravísima crisis que afecta a personas y familias en forma de paro y dificultades para cubrir sus necesidades básicas. Parece, aunque está por constatar, que se perciben brotecillos verdosos en las grandes cifras macroeconómicas (nuestro PIB, aunque siga en números rojos, frena su caída), puede incluso que se produzca en el 2010 cierta reactivación de nuestra actividad económica. Pero su repercusión en las personas en forma de empleo estable no parece insinuarse en el horizonte próximo. Nuestra comunidad no es ajena a tales realidades.
No hace tantos años nos considerábamos los "reyes del mambo". Líderes en renta per capita, la actividad inmobiliaria iba viento en popa, los turistas seguían eligiéndonos como destino estrella, la red de medianas/pequeñas empresas estaba activa, el trabajo era un bien disponible, el consumo personal y familiar era una realidad. Todo ello aderezado con facilidades máximas de créditos hipotecarios, al consumo, y de otras diversas naturalezas. Pero el castillo de naipes, en poco tiempo, mostró sus debilidades y se ha ido derrumbando.
No voy a insistir una vez más en las causas estructurales y propias de la crisis económica, sino a intentar ubicarme en algunos aspectos de la crisis social. Después de décadas con un paro en torno al 4%, nos situamos en un índice próximo al 19%. Son miles las personas y familias con uno o más miembro en el paro, sin obviar los casos no extraños en los que todos están sin trabajo. Aun suponiendo que ha concluido la destrucción de empleo, ¿cómo afrontar la creación de puestos de trabajo para los miles de personas que carecen de él? La tarea no es fácil. Difícilmente el sector de la construcción podrá reabsorber mano de obra intensiva. Puede darse una relativa actividad desde la obra pública, el plan Renove en hostelería, la remodelación de edificios y viviendas… El sector turístico (alojamiento, oferta complementaria, empresas auxiliares…), a pesar de las declaraciones hiperoptimistas, no parece que pueda echar las campanas al vuelo. La dura y pura estacionalidad sigue presente, dificultando una contratación estable. El Plan de Ocupación 2009-11, incluye propuestas concretas de inserción laboral. Es necesario y urgente convertirlas en planes operativos evaluables.
La consecuencia en miles de personas y familias es la dificultad de llegar a fin de mes, verse en dificultades para cubrir sus necesidades básicas, y en definitiva un freno al consumo. El reflejo de la recesión en el consumo puede constatarse en los informes de Pimeco respecto a la actividad comercial, así como en el último número de Quaderns Gadeso (www.gadeso.org) que refleja los comportamientos de nuestros diversos segmentos sociales.
El ciudadano vive una mezcla de perplejidad, cabreo y desconfianza. "Perplejidad" ante una situación crítica no esperada. "Cabreo" por los casos de enriquecimientos basados en la especulación y el "todo vale", así como por la corrupción escandalosa de algunos relevantes políticos. "Desconfianza" en las instituciones y los políticos a los que se les percibe (con razón o sin ella) fundamentalmente preocupados por sus cuitas personales e internas, y que no consiguen comunicar ni trasmitir a los ciudadanos sus proyectos concretos orientados a hacer frente a los graves problemas sociales y de reactivación de nuestra actividad económica. Tales estados de ánimo no son los mejores para afrontar ni el presente ni el futuro.