AURELIO CERVIÑO
Detrás de este nombre, un poco extraño a la lengua española, se presenta una nueva realidad eclesial, con incidencia en diversos ámbitos de la sociedad y la cultura. Esta "novedad" ya tiene más de 65 años y en este 2009, que va acabando, cumple 50 años de presencia en España.
El "fuego del hogar" –eso es lo que significa focolar– encendido por Chiara Lubich, la iniciadora del Movimiento, el año 1943 en Trento (Italia) se extendió pronto por toda Europa y en 1959 llegaba a Barcelona. Desde allí se fue extendiendo por toda la península y en 1967 algunas personas de Mallorca conocieron también esta espiritualidad.
Actualmente, el Movimiento de los Focolares, también llamado Obra de Maria, presente en los cinco continentes, se presenta con la fisionomía de un pequeño pueblo de distintos idiomas, razas y culturas.
Este "pueblo" testimonia un estilo de vida: el de la espiritualidad de la unidad que responde a las exigencias más profundas del hombre y de la sociedad de hoy, abriendo nuevos horizontes en los distintos ámbitos de la sociedad: cultura, política, economía, arte, etc. Porque el amor y la unidad están inscritos en el corazón de todos los seres humanos, aunque lo manifiesten de diversas formas.
Todas las expresiones desarrolladas por la Obra de Maria responden a la llamada a ser «apóstoles del diálogo», lema acuñado por Juan Pablo II en una ocasión al dirigirse a los miembros del Movimiento. De hecho, a través de las circunstancias y por la difusión progresiva del Movimiento se han ido abriendo espontáneamente pistas de diálogo con distintas culturas y credos. En el mundo católico; entre cristianos de diferentes iglesias –ortodoxos, luteranos, anglicanos, etc.–; entre creyentes de distintas religiones –judíos, musulmanes, budistas, etc.– y entre personas de diversas convicciones sin referencia a un credo religioso preciso. Diálogo entre individuos, con personalidades y movimientos, sin dejar de ser fiel cada uno a su identidad y dando testimonio de sus propias creencias. Siendo a la vez abiertos y respetuosos con las convicciones del otro, evitando toda forma de proselitismo y de sincretismo. El diálogo, así practicado, se convierte en un camino privilegiado para promover la unidad.
La celebración de las bodas de oro de presencia focolarina en España ha sido también ocasión para reflexionar y valorar todo lo que se ha vivido en estas décadas. Ha sido un tiempo de agradecimiento a Dios, de nuevo dinamismo entre las comunidades y grupos del Movimiento presentes en pueblos y ciudades, con una mirada al futuro para continuar construyendo la fraternidad universal, momento a momento, en nuestra sociedad.
Coincidiendo con el primer aniversario del fallecimiento de Chiara Lubich, el 14 de marzo pasado, se celebró simultáneamente en diversas ciudades de España un acto conmemorativo del 50º, en el cual se recordó el descubrimiento de este nuevo estilo de vida de la mano de algunos de sus protagonistas y se repasaron los momentos más significativos.
Después, a lo largo del año, este empuje renovado ha continuado con otras iniciativas como la edición en castellano y catalán del libro Eren temps de guerra... por parte de la editorial Ciudad Nueva.
El próximo 16 de noviembre también la ciudad de Palma acogerá la presentación del libro Eren temps de guerra... que narra los inicios del Movimiento de los Focolares durante la Segunda Guerra Mundial, de la mano de su iniciadora, Chiara Lubich, y de Igino Giordani, polifacético personaje de la cultura italiana del siglo XX (político –diputado–, periodista, hagiógrafo, ecumenista, padre de familia…), considerado por ella como cofundador de los Focolares.