PEDRO VILLALAR
El juez Garzón, que acumula honores mientras sus compañeros de la Magistratura están pensando en procesarle por prevaricación, ha manifestado que "sería tremendo que alguien tome una decisión cediendo a la presión" de los piratas somalíes sobre los 36 rehenes.
Es posible que esta clase de declaraciones rotundas impresione al sector menos informado y más ingenuo de la opinión pública, pero los más avisados sabemos el espléndido efecto que producen las presiones sobre las decisiones judiciales.
Las hemerotecas guardan con tinta indeleble numerosos episodios en que gente encumbrada, banqueros conspicuos, empresarios riquísimos, apellidos de rango han conseguido sortear las borrascas judiciales sin mancharse ni romperse. En algún caso, ha sido necesario modificar incluso la jurisprudencia existente para provocar alguna prescripción o eludir alguna responsabilidad inoportuna. Y cuando la realidad es la que es, los jueces deberían al menos guardar silencio cuando de sortear presiones se trata.