LLORENÇ RIERA
La adquisición de Bon Sosec por parte de Funespaña S.A. es un nuevo hecho significativo de que en Mallorca y más en concreto en Palma, se está adentrando un nuevo modelo de gestión –también de usos y costumbres– de servicios funerarios que ya lleva tiempo implantado en otras capitales españolas. Los ayuntamientos cada día tienen más interés en desprenderse de la administración de los cementerios y determinadas empresas abogan por explotarlos porque intuyen o tienen estudios concluyentes que sostienen que el negocio postmortem, gestionado con profesionalidad, puede ser rentable. Por ahí se encamina el futuro. Pero el tránsito no será fácil ni rápido, especialmente en casos como el de los cementerios municipales de Palma, debido en su mayor parte a los excesos y descontroles de una etapa, larga y nefasta, en manos de Oscar Collado y que ha acabado bajo control judicial por escándalos y presuntas corruptelas. Sigue habiendo muchas cosas por aclarar y por cuantificar en una Empresa Funeraria Municipal que empieza a tener superávit pero que seguirá en quiebra técnica porque su deuda acumulada, cifrada en 7,6 millones de euros, supera la capacidad patrimonial de la entidad.
El cambio de propiedad de lo que hasta ahora ha sido Bon Sosec, ha permitido comprobar también que la Funeraria de Palma no ha ingresado desde mediados de 2004 el 15% que le correspondía de las ventas efectuadas por el cementerio ubicado en el término municipal de Marratxí. Es un derecho adquirido en 1999 mediante una cláusula, en la compraventa de Bon Sosec entre el ayuntamiento de Palma y la sociedad anónima que lleva el mismo nombre del cementerio. La operación sellada ahora con Funespaña presenta en este sentido una dificultad añadida. Los servicios jurídicos municipales deberán determinar si las comisiones pendientes de cobro deben reclamarse a la nueva empresa o a la anterior.
Este, y otros lastres, van en cualquier caso, para largo. La presidenta de la Funeraria Municipal, Begoña Sánchez, y su gerente, Joan Martí han adelantado que el presente ejercicio se saldará, por primera vez desde 2005, con un superávit que se cifra en 35.000 euros y que para el próximo año se espera que sea de 175.000. Pese a ello, se mantendrá la situación de quiebra técnica que se viene arrastrando desde 2001 porque la diferencia entre pasivo y activo sigue siendo muy considerable.
Mientras se recorre esta particular travesía del desierto de la EFM de Palma se presentan algunas tareas añadidas, como la de analizar entre 5.000 y 6.000 notas registrales de Bon Sosec para ver y cuantificar las comisiones por venta de sepulturas que se han quedado en el aire. Después ya se verá también de quién y cómo cobran. La experiencia debe servir de una vez por todas para garantizar que estas cosas no vuelvan a pasar y para encarrilar una gestión nítida y transparente. Los servicios funerarios, aún con gestión privada, mantienen su condición pública y llegan al ciudadano en un momento en que éste necesita cualquier cosa menos confusión o interlocutores cuestionados y condicionados.