MIGUEL DALMAU
Aunque no tengo precisamente el aspecto de Heidi, yo también presumo de mi amigo Marco. El camarada Marco es un romano curtido en mil batallas, todas ellas libradas con música rock, que trabaja como diseñador gráfico cerca de la calle Olmos. De hecho, Marco ha sido el responsable de las portadas de mis libros y de algunas veladas impagables. De vez en cuando le paso a recoger por su oficina y salimos a darnos un homenaje. Una de nuestras aficiones es peinar los establecimientos de comida italiana que existen en la ciudad. Nostalgia suya, también mía. Ah, la Mamma¡ Y lo primero que hemos visto es el aumento de buenos locales de su país. A día de hoy, la propuesta culinaria más recomendable aquí es obra de los italianos. Hablamos, claro, de una cocina mediterránea, de raíces populares, gustosa y a precios moderados. Una cocina, en fin, que sirve tanto para una comida familiar, como para la juerga con los amigos o esa cena romántica.
Si circulamos por el Terreno, Marco y yo tenemos un refugio en el "Mezzo": un local de referencia del barrio, donde Piero, un siciliano solvente y encantador nos seduce con el atractivo menú del día. Llevo años frecuentándolo: no sólo pasta, sus carnes, arroces muy cuidados y vinos merecen una visita con larga sobremesa. Tampoco es desdeñable el Garibaldi, con terraza sobre el Paseo Marítimo, que sigue a buen ritmo la estela de su hermano mayor, el Rossini, todo un clásico en las traseras de Jaime III. Otras veces Marco y yo nos vemos en el barrio de Santa Catalina. Es el momento de hacerle una visita a Michele, el patrón de "Via Appia", que siempre nos deleita con una cocina que se mueve entre lo popular y un cierto grado de sofisticación. Siempre exitoso. En realidad Michele es nieto nada menos que del cocinero de Gabrielle D´Annunzio, el poeta vividor, así que la charla también tiene su miga. De parmesano. En caso de que deseemos comer en casa, nos basta cruzar la calle y adquirir una selección de productos regionales en la trattoria de su esposa, doña Marcela, que es una dama joven, muy serena y distinguida. Ya saben, mortadela de Bolonia, mozzarela, aceites, vinos y sabrosos platillos para llevar. Luego Marco y yo nos los comemos frente al televisor, mientras revisamos con mucho deleite la peli "Malizia", de santa María Antonelli.
Últimamente hemos descubierto otra joya. El restaurante Fedele, la mejor terraza aérea del Portitxol, cerca del Club Náutico. Estos días el patrono está ofreciendo un menú irresistible a base de pastas de origen napolitano. Nacido en mi amada Ischia, Fedele es un tipo curtido que tiene muchas tablas, y esa media sonrisa agazapada de quienes lo han visto todo. Varado a este lado del mar, nos ha servido algunas de las exquisiteces populares más refinadas del verano. No podíamos creerlo. Por eso, si hoy sale el sol, allí me verán. Servilleta al cuello, zampándome unos spaghetti gloriosos y alzando mi copa a la salud de mis queridos italianos.