JORGE MARTÍ
Los escritores que desconocen las mieles de la fama suelen quejarse de la poca calidad de los lectores de su época. Baudelaire, al que apenas valoraron sus contemporáneos, se quejaba de que, en realidad, el público realmente literario era de aproximadamente doscientos sesenta lectores, ya que "las bestias han usurpado la palabra a los hombres". Exabruptos aparte, me gustaría saber cuántos ejemplares de las Flores del malvendió el editor de la primera edición, pues si no pasaron de doscientos sesenta, habrá que concluir que además de "dandi", el mejor poeta de su época y persona propensa al menosprecio de sus semejantes, Baudelaire era un ejemplo más de escritor vanidoso que identifica al buen lector con el que le lee a él.
Este tipo de apreciaciones la comparten los oscuros escritores que apenas asomen más allá del anonimato y quienes conocen una popularidad, digamos, más generalizada. Villiers de L´Isle Adam, narrador contemporáneo de Baudelaire, y de menor genio, también se quejaba, en uno de sus Cuentos crueles, de que los buenos lectores no pasaban de media docena; obviamente, sus libros se vendían menos que los de Baudelaire. Otro buen escritor, no sé si de genio, pero sí de gran oficio, fue Manuel Vázquez Montalbán, más cercano a nuestra época y por tanto con cifras más cercanas a nuestra realidad actual. Vázquez Montalbán afirmaba que los buenos lectores eran aproximadamente 25.000, los cuales lo leían todo, mientras que el resto de lectores se limitaban a seguir los vaivenes del mercado, leyendo, por lo general, sólo los best sellers fabricados por las editoriales para mantener a flote su cada vez más precario negocio. Es probable que la cifra de 25.000 ejemplares fuera, aproximadamente, la tirada media de la mayor parte de sus libros, dejando aparte los Carvallo, que se vendían más, pero que él también escribía peor.
No sé. Es obvio que buenos lectores no puede haber muchos, pues para ser un buen lector hay que haber leído mucho y muy bien a los autores de la tradición, y la mayoría de lectores se limita estar al día. El buen lector se caracteriza por tener un criterio mejor que el de la mayoría, pues al haber leído mucho, no se deja deslumbrar por pretendidas novedades literarias que, en realidad, suelen repetir fórmulas ya usadas en el pasado. Si mucha gente lee un libro ello sólo quiere decir que está escrito para gustar a mucha gente, es decir, halagando el gusto actual y adaptándose a las corrientes de la moda. Ahora bien, son precisamente los pocos autores de libros con grandes ventas los únicos que no se quejan de la calidad del lector medio actual. Pueden quejarse del porcentaje que cobran en derechos de autor, de la negociación de sus anticipos o de que aún no se ha filmado la película para la que vendieron los derechos de sus novelas. Pero no pondrán en duda la capacidad crítica de sus lectores, al menos públicamente, los cuales se han gastado sus buenos 25 euros y han decidido entretener una buena parte de su ocio leyéndoles a ellos. Teniendo en cuenta el auge actual de las distracciones audiovisuales, deberíamos todos dar gracias de que todavía queden algunos raros que compran y leen libros, a ver si pronto nos quedaremos sin ninguno, ni de calidad ni de los otros, y nos tendremos que leer a nosotros mismos, si es que somos capaces de no aburrirnos.